jueves, 19 de abril de 2012

Mine, capítulo 17.


Mine, capítulo 17. "Una mentira en esa boca".

--Dios. Tienes que repetir esa anécdota.
 Luce camina por el pasillo conmigo, tratando de meter su cuaderno de espiral a la mochila blanca con florecitas mientras camina. El resorte de espiral del cuaderno se le atora en la falda de cuadritos de la escuela. Batalla  un poco, pero al final me vuelve a mirar, expectante.
--¿Repetir el qué?--Digo yo--No pasó nada.
 Ella logra meter el cuaderno y me mira. Levanta una ceja.
--Ajá. Café, pastelillos, una conversación, risas, insultos... ¡Vamos, eso suena a cita, desde lejos!
 Ruedo los ojos.
Ni siquiera me hubiera tomado la molestia de decírselo si no hubiera sido por que ella tiene esa maña de preguntarme qué he hecho en el día.
--Los insultos no encajan nada bien en el concepto "Cita", Luce.
Ella avanza por el pasillo a paso ligero y alegre de un momento a otro.
--Ya lo sé, pero contigo, ese el concepto que tengo de "Cita".--Dice, con un tono alegre. Tan alegre que sólo le falta ronronear.
 Ruedo los ojos y miro el techo de ese color Amarillo-blanco-puré-de-patatas. ¿A quién se le ocurre pintar la escuela de un color tan feo?
--Me ofendería si no supiera que es verdad--Respondo.
Y es que tengo esa naturalidad de insultar a las personas...
--Oh, dios, Lena. ¡Admite que te gusta!
--No creo, sinceramente, que llegue el día en que llegue a decir semejante cosa. Además, apenas lo conozco.
--¡Pero si ha pasado cerca de un mes!
--Luce, no se puede amar a alguien  en un mes.
--¿Porqué no? Yo lo creo bastante posible.
 Ruedo los ojos, de nuevo.
--¡Es en verdad!--Dice ella--¿Nunca te hablé de mi vecina?
Frunzo el ceño.
--¿La que come esas galletas de perro en el jardín delantero?
Ella sacude la cabeza.
--¡No! Ella no. Yo hablo de  Markie Hart.
--Ah, ¿Tú vecina que creció en Canadá? ¿La ancianita? ¿Te deja llamarla por su nombre de pila? Mi vecina me grita hasta de lo que me voy a morir si la llamo por su nombre.
Luce ríe.
--Sí. No le gusta que le digan señora, dice que se siente más vieja de lo que es. Ella solía darnos galletas a mí y a Noel cuando éramos pequeños...
La corto antes de que se ponga a recordar viejos tiempos.
--Bueno, ¿Qué tiene ella?
Ella pone esa sonrisa de nuevo en su rostro.
--Pues que ella conoció a su marido cuando tenía catorce años, y desde entonces han estado juntos. Se casaron cuando tenían cerca de 18. En esos tiempos eso era válido.
--Y probablemente terminaron su relación un año después pero no se separaron porque el padre de ella lo tenía bien amenazadito.
 Y la verdad es que me pasé el día de ayer por la noche viendo películas, de esas películas que nunca veo.
--Por supuesto que no--Dice ella--Vivieron enamorados hasta que él murió. Markie en verdad no habla mucho de cuando murió, sólo cuenta cosas de cuando seguía vivo.
--¿Sigue contando esas historias?
--A veces. Yo y mamá vamos a tomar té allá por lo menos dos veces por semana.
Sonrío.
--Tomar té. ¡Mira que eres una niña buena!--Le digo con burla--Supongo que has aprendido a tomar cosas saludables y a ser responsable.
Luce se acerca a mí y me da un empujón con la cadera haciendo que me vaya de lado y me estampe contra los casilleros. Y lo hizo con toda la intención del mundo.
--¡Luce!
--¡Cállate!
Luce sonríe.
 Fue hace dos años cuando Luce había ido toda niña buena hacia mi casa en una noche de fiesta; Era el cumpleaños de la tía Kris y yo había invitado a Luce porque su mamá pasaría la noche con la compañía de su empleo (Que Luce odiaba)  y el idiota de Noel había decido asistir a un partido de Jockey con un idiota de su clase. Pues Luce me había llamado y me preguntó si quería ver películas y criticar a los protagonistas con ella en su casa. Pues no podía, y en vez de rechazarle y colgar, la invité a pasar la fiesta de Kris. Todo iba bien. La comida estaba buena (Espagueti y pizza, pollo rostizado y donas, la cosa que parecía pollo pero que sabía a pescado, pero estaba tan dura como un chicle y esa extraña gelatina color rojo fuerte) y estábamos tan bien hasta que José se pasó un poco de copas y cayó en las escaleras. En verdad no se hizo nada, pero no pude comprender cómo es que estaba tan borracho si no había visto ni vino ni cerveza.
  Pues resulta que la extraña gelatina color rojo fuerte que había en la mesa tenía alcohol. Sara había pensado que sería "Divertido" (Pensó que su madre tenía que divertirse un poco). Pues no resultó divertido.
  Laura entró en pánico cuando José se cayó y casi le da un infarto cuando supo que había tomado (También se preguntó de dónde había salido el alcohol). Sara intentó tranquilizar a Laura diciendole que se calmara, pero también estaba bebida y terminó perdiendo los nervios. Alan intentó calmar a Sara y terminaron dicutiendo. La tía Kris fue al jardín con mamá y con la tía Mel, hablándo de cosas como tips de belleza y lo duro que es criar a niños. Lo peor de todo (Para mí), es que Luce se había quedado en la mesa de la comida saboreando esa maldita gelatina. Era su primera experiencia con el alcohol y no le sentó bien del todo. Le sentó horrible. Ella se tambaleaba y tenía hipo, vomitaba cada dos por tres y gritaba que tenía un dolor de cabeza que le martillaba. Además decía incoherencias ("Bum, bum, bum... ¿Oyes eso, Lena? ¡Es la sangre contra mi cerebro! Bum, bum, bum"). No era su mejor momento. Pero era mi mejor amiga y le grité a Sara que limpiara el vomito que Luce había  provocado en toda la sala, porque todo era su culpa y yo llevé a Luce al baño a que terminara de expulsar la comida de dos días antes, por lo menos. Después la llevé al cuarto de Laura mientras ella me gritaba que había un explosión en su cabeza. Vomitó todo el cuarto. Desde entonces, a Laura no le cae tan bien.
--El punto--Me dice Luce, interrumpiendo mis pensamientos--Es que el amor todo lo puede.
--Tal vez--Admito.
Ella me mira, con una chispa en sus ojos.
--¿De verdad?
--¡Por supuesto que sí! Lo puede todo, sólo si estás completamente idiota al respecto.
La chispa se apaga. Rueda los ojos.
--¡Eres tan desagradable...!
--Tú me amas--Le contesto.
Ella sonríe, y sé que es un sí.
 Cuando llegamos a la banca de la fuente, donde estaban esperando Ellie y Noel, nos encontramos con una sorpresa: Lucas estaba ahí, pero no sólo, estaba con tipos con los que parecía llevarse bien. Y  eso no fue lo más raro: Ellie y Noel estaban en la conversación, y parecían llevarse de maravilla.
 Como si fueran conocidos de toda la vida.
Y es que Luce no era una antisocial, pero su hermano sí, y aunque ella se negara a admitirlo, lo amaba, así que nunca lo dejó andar por su cuenta. La primera semana de escuela se sentaban en una mesa solos e intercambiaban unas palabras y un par de chistes mientras al menos una de las amistades que Luce había hecho la saludaba desde otra mesa. Luego yo intercambié unas quejas de la clase con Noel junto con un par de insultos para nadie en particular. Él pensó que yo era graciosa y me invitó a su mesa junto con su hermana. El resto, es historia.
 Pero ahora verlo charlar abiertamente con Lucas y sus amigos grandotes probablemente del equipo de futbol, era la cosa más rara del mundo. Son tres chicos; Dos de pelo castaño y uno de pelo negro.
--¡Eh, Lena! ¡Por aquí!--Grita Noel.
 Lucas voltea en mi dirección.
 Sonríe.
Pero no sólo sonríe.
Me sonríe a mí. La sonrisa más segura y más tierna que he visto.
Que cosa tan más rara.
Sus amigotes le dan golpes juguetones en la cabeza y el hombro mientras yo me voy a sentar en frente.. El se los quita de encima.
 Le sonrío amablemente. Él voltea hacia uno de sus amigos cuando él le dice algo a Ellie, un cumplido. Luce me da un codazo con intención.
--Que linda sonrisa.--Musita.--Incluso una mentira se vería bien con esa boca.
 Sacudo la cabeza y sonrío, pero no porque piense que es ridicula.
Lucas me mira de nuevo, con la misma sonrisa.
No, definitivamente no es porque piense que es ridícula.
 Es porque pienso que tiene razón.

--Sthep Stronger.

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