martes, 5 de junio de 2012

Mine, capítulo 25.


Mine, capítulo 25. "Intácto"

--Te juro que lo vi en alguna serie y es ilegal--Murmuro.
Sara se voltea hacia mí en la oscuridad.
--¡Chist! Puede que siga por aquí.
Volteo los ojos.
--Sara, tú misma la viste marcharse a vete tú a saber dónde. Tal vez fue a ver otros bebés con cara linda para tener de dónde aferrarse por si su bebé sale feo, ya sabes, para operarle la cara. Y el bebé nunca se dará cuenta de que nació siendo feo, pero eso no lo hace menos desgraciado: ¡Tiene los genes de Laura en todo su cuerpo! Te juro que yo consideraría seriamente hacer algo al respecto, como tomarme un montón de pastillas o...
--¡Cállate! Ya, ya entendí. Ayúdame y sostén bien esa linterna.
Alzo la linterna para que ella pueda pasar el pasador de cabello por la avertura y así abrir la puerta  de la habitación de Laura.
--¿Sabes?--Murmuro--Cuando te dije que esta aburrida, no fue cómo si te dijera "¡Hey, Sara! ¿Sabes qué? ¡Hay que ir a husmear en la habitación de Laura para ver si encontramos los papeles en los que conste que sí esté embarazada y no esté mintiendo, porque te juro que aún no me lo puedo creer! ¡Y de paso hay que esperar una media hora ocupadas en abrir la bendita puerta! ¿No suena divertido?".
 Ella deja de forcejear con el pasador y me mira.
--Sabes que te amo, Lena, pero a veces parece que me pides a gritos que te aviente por una ventana.
--No entiendo cómo eres psicóloga.
--Las psicólogas también tienen derecho a perder los estribos en algún momento.
Asiento.
--El embarazo es muy fuerte para tí, ¿No? Quiero decir, ya lo sabía, fue lamentable para todos, quiero decir; ¿Laura criando a un ser vivo? Que desastre. Pero imagino que es muy grave para tí, porque, ya sabes, todo este tiempo he estado intentando hacerte perder lo estribos por una vez en tu vida y hasta ahora te veo de esa manera..., si dejamos atrás esa vez en la que emborrachaste hasta el cuello y prácticamente arrastraste a Luce junto contigo al Lado Oscuro....
 --¿Nunca te había dicho que no te para la boca?
Paso la lengua por mi labios y sonrío.
--No recuerdo muy bien.
Ella vuelve a poner el pasador en la cerradura.
--No puedo creer que ella esté embarazada. ¡El niño se caerá de la cama! Ni siquiera creo que ella pueda darle la leche materna. ¡Y es tan jóven...! Espera, ¿Dices que has intentado hacerme perder los estribos antes?
Deja de forcejear con la cerradura.
--Sip. ¿Porqué crees que soy tan enfadosa?
Sacude la cabeza, confundida.
--Porque tú eres así.
Ladeo la cabeza.
--Sí, bueno, es verdad, pero...¡Era tan divertido intentarlo! Te juro que me quebraba la cabeza pensando.
Sonrío.
--Eres malvada--Murmura.
--¡Gracias! Justo ayer estaba pensando en  mis planes diabólicos para, ya sabes, dominar el mundo y todo eso.
Sonríe y sacude la cabeza forzándo el pasador.
--¡Esta cosa...! ¡No sirve!
--A tus paso nos tomará hasta mañana abrir esto. ¡Regresarán pronto, tu mamá  y Laura!
--¡Ya lo sé! ¡No me presiones!
--¡Es que nada funciona sin presión!
Ella se vuelve para mirarme, o mejor dicho, para pulverisarme con la mirada, y yo le doy la linterna para quitarle el broche.
--Tú sostén esto y yo abriré la puerta.
Ella no dice nada, pero tiene los labio apretados.
Sara suelta una carcajada burlona cuando no puedo abrir la puerta con su pasador. Después de cinco minutos, en un arranque de enojo, golpeo la puerta. Pongo la mano en la perilla para poyarme y me levanto, pero me sorprendo cuando la perilla se resvala en mis manos.
 La miro fijamente. Pongo una mano encima. La hago girar.
Y abre.
Miro a Sara.
--Eres una inútil.


--Búsca bien.
--Es enserio, Sara, me siento cómo si fuera ilegal.
--No desacomodes nada, porque si Laura se entera, hará que parezca como algo ilegal.
--Estoy casi segura de que sí lo es.
Ella sacude la cabeza.
--Ya te dije.
Me muevo por el escritorio. Está ordenado, como es de esperar de Laura. De hecho todo su cuarto está tan horriblemente ordenado que me dan ganas de... no sé, saltar en la cama o desordenar un poco su armario y dejar la puerta abierta, algo así. Me da cosa verlo todo tan limpio.
 Por supuesto que mi cuarto nunca ha lucido así.
--¿Dónde crees que Laura guarda sus cosas?
Ella se encoge de hombros.
--No entiendo la mayoría de lo que está en su cabeza.
--Es cierto. Es como intentar que un cerdo diga el futuro.
Agita la cabeza.
--No entiendo cómo me caes bien.--Dice.
Sonríe.
--No puedes evitarlo.
Mi celular suena con un timbrazo antes de que Sara pueda decir nada, y atiendo a mi celular antes que a Sara. Tengo un ligera idea acerca de quién es el mensaje.
 Pero estoy equivocada.
Es de Lucas:
"Hola, ¿Ocupada?"
 Un calor inexplicable crece dentro de mí y de alguna manera las comisuras de mis labios se levantan hacia arriba.
Y respondo mientras Sara suelta algo como "Es una mentirosa, tal vez ni siquiera está embarazada".
"No exactamente. Estoy en "Plan imposible" con Sara".
Un minuto después, pone:
"¿?"
Tecleo de nuevo la letras y me siento en la cama.
Un almohadazo me derriba y caigo sobre los cogines.
--¿Pero qué te pasa, salvaje? ¿Quieres matarme?--Le suelto a Sara.
Ella deja la almohada de nuevo por ahí y niega con la cabeza.
--Dejarás arrugas en la cama. ¿Es que no conoces a Laura? Ella se da cuenta incluso si algo cambia dentro de mi antiguo cuarto.
 Ruedo los ojos.
--Cállate, exagerada.
--Estoy hablándo enserio.
Envío el mensaje:
 "Nada. ¿Qué cuentas?"
Cuando me quedo ahí acostada y pongo el celular en mi vientre y miro al techo, Sara deja de buscar y se pone enseguida de mí.
--¿A quién mensajeas?
--A un amigo.
--¿Enserio? Se te nota muy feliz.
Ruedo los ojos... ¿En verdad se me nota?
Siento mi mejillas ardiendo.
Ella abre mucho los ojos.
--¿Estás ruborizandote?
Me levanto como un rayo y me miro en el espejo de cuerpo completo de Laura.
--No, no. ¿A qué te refieres? ¡No estoy ruborizándome!
Sara está riendo. Muy alto.
--Díos mío santo. ¡Estás roja! Dime, ¿Quién es? ¿Es guapo? ¿Es especial? ¿Cómo se llama?
--Lo dices como si me gustara.
--¡Logró que te pusieras roja! ¡Es el primero! ¡Por supuesto que te gusta, otra cosa es que tú no quieras aceptarlo!
Sacudo la cabeza.
--Que no.
--¡Eso es lo que tú dices!
Niego mientras la cara de Lucas aparece en mi rostro y algo en mi estómago se remueve. Algo dentro de mi pecho estalla y me hace querer sonreír de por vida. Es tan fuerte que me hace querer saltar a todos lados.
 Pero no sé qué es.
Que cosa tan más extraña.
Y me da escalofríos una emoción así. Da miedo. Pero me gusta.
Me gusta mucho.
Palpo mi celular, esperándo a que me llegue el mensaje de Lucas. ¿Porqué no me llega? ¿Olvidó su celular? ¿Que estará pasándo por su mente en estos momentos?
 Entonces siento un alivio en mi pecho cuando el celular empieza a sonar y a vibrar que casi duele.
"¿Tienes libre esta tarde, por las cinco?"
Esa misma emoción se retuerce en mi estómago y me hace querer saltar en la cama de Laura.
"Sí, claro. ¿Qué tienes planeado?"
Río cuando veo que el siguiente mensaje hay una carita sonriente:
 " :) Genial. Estaba planeando hacer algo por tí, ya sabes, por haberme ayudado. Prometo que será divertido".
 Saco algunas carcajadas.
"Más vale :)".
--Díos mío santo, es serio--Dice Sara.--¡Estás sonriendo! ¡Deberías ver tu rostro, cariño!
--Es sólo que me causa gracia, ¿De acuerdo?
Se encoge de hombros al mismo tiempo cuando el mensaje me llega.
--Tal vez. Pero te dije que la vez que te enamoraras, te lo arrojaría a la cara.
--Cosa que aún no ha pasado.
Ella se vuelve a encoger de hombros y yo desvío la vista para mirar mi celular.
"¿Te recojo en tu casa, verdad?".
"No estoy ahí. Me pasé el sábado entero con Sara. Eso significa que me ha vuelto loca"
"¿Más de lo qué ya estás? :)"
"Sorprendentemente", contesto.
"De acuerdo, te veré dentro de dos horas, pues".
   Dejo el teléfono de nuevo en mi vientre y sonrío sin pensármelo dos veces.
--¿Saldrás esta noche?--Pregunta Sara.
--¿Y tú cómo sabes eso?
--Lo puedo ver en tu mirada. No es la primera vez que veo algo así. ¿A dónde irás? Deja eso, la pregunta del millón es: ¿Con quién?
--Estás bien chiflada si tú crees que te lo diré. Pero bien perdida.
Ella sacude su cabeza.
--Está bien. Terminarás viniendo hacia mí de cualquier modo.
Ruedo los ojos. Es mi actividad favorita, a parte de molestar a las personas, claro.
--Si, claro, justo después de casarme en Puerto Rico--Digo con sarcásmo.
Ella levanta una ceja rubia con burla.
--¿Planeas casarte? ¡No me habías dicho, lo tenías bien escondidito! Dime, ¿Quién es el pobre desdichado?
Le lanzo un almohada desde el otro lado de la habitación y ella ríe, pero todo eso termina como en un segundo, cuando escuchámos el sonido de carro en la entrada.
--¡La almohada! ¡La almohada!--Dice Sara, parádose de la silla y llendo hacia la puerta.--¡Y que no se te olvide tu celular!
 Lo tomo muy fuerte y salgo pitando de la  habitación a velocidad luz, mientras Sara me empuja y deja todo como si nunca hubiera pasado nada. Todo permaneciendo aparentemente intácto.
 Pero algo dentro de mí no ha quedado intácto en absoluto, al contrario: Estalla contra mi pecho y me hace sonreír, y por un segundo, soy muy feliz en el interior.


--Sthep Stronger.

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