martes, 17 de julio de 2012

Mine, capítulo 32.


Mine, capítulo 32: "Sentimiento Compartido"


--¡Olvídalo! ¡No me vuelvo a meter ahí!
Forcejeo con Sara unos momentos y luego ella me arrastra hasta la habitación. Me dejo caer en la cama.
--Tienes qué ayudarme--Dice Sara, pasándo las manos por su cabello.
Me cruzo de brazos y la miro.
--¿Sabes? Cómo hermana mayor, eres un asco. Y cómo psicóloga, también. ¿Es que no sabes que estar en la habitación de tu hermana es malo? Hay algo que se llama espacio vital. Privado. Significa que sólo es para uno. ¡Además, si nos cachan, conste que te echaré toda la culpa! ¡No puedes venir a espiar a su cuarto cada vez que sale! ¿Porque me arrastras contigo, además? ¡Puedes hacerlo tú solita!
 Ella parpadea y empieza a pasear la mirada por el escritorio.
--Yo nunca te he dejado cometer una estupidez sola. Es hora de que me lo devuelvas. Me lo debes.
--¡Deberte ni madres!
Ella se pone recta y se altera.
--¿Quieres dejar de ser tan vulgar?
Me río de ella.
--No.
Suspira.
--¡Vamos! Ayúdame a buscar. Debe de estar por aquí.
Ella toca las cosas de su escritorio cómo si fueran de cristal. Como si fueran una antigüedad que pudiera caerse y romperse en mil pedacitos. Pero es sólo papel.
--A ver, repiteme porqué estamos aquí, y si encuentro una buena razón,  entonces te ayudo. Si no, pues no.
Se queda callada y abre muy despacio el armario de Laura. Observo detrás de su espalda todas las prendas perfectamente colgadas y ordenadas por color. Mi armario nunca lucirá así. Punto.
--Venimos a encontrar pruebas de que está embarazada.
Se oye tan alterada...
Le miro la espalda hasta que ella se voltea y me mira a los ojos.
--¿Qué, Lena, qué?
Me cruzo de brazos.
--¿Porqué te afecta tanto que tenga un bebé?
Ella se cruza de brazos también y rehuye la mirada.
--Yo...
Entonces ella se desploma en el suelo suspirando fuerte. Sentada en el piso, se cruza de piernas y pasa las manos por su cabello dorado bien cuidado. Mi primer impulso es retroceder de un salto y preguntarme qué demonios ha pasado.
 Luego reparo en qué en verdad está ahí destrozada.
"Ay, Dios".
--No puedo creerlo--Murmura.
Me quedo ahí parada viendo como llora. Poco después, me arrodillo frente a Sara y pongo una mano en su pierna.
--¿Te encuentras bien?
Levanta la cabeza. Su cara está surcada en lágrimas.
--No.
Casi me puedo ver a mi misma levantándome y saliendo huyendo de ahí en mi mente. Huyendo de la situación. ¿Qué se supone que tengo que hacer? Nunca la he visto llorar. Siempre que alguna compañera de clases lloraba en el baño, yo no hacía nada. Yo sólo me quedaba lavando mis manos, y cuando ella salía, con la cara roja y cubierta en lágrimas, y me miraba en el espejo, no sabía que hacer. Sólo la miraba y le preguntaba si estaba bien. Pero no soy del tipo que consuela. Quiero decir, ¡Tengo que soportar mi propio dolor! ¡No es como si fuera muy fácil andar por ahí con el de otra persona! Siempre me quedo ahí y me pregunto qué es lo que tengo que hacer. ¿Tengo que ofrecerle un pañuelo? ¿Sería muy maleducado si me fuera, como si nunca la hubiera visto? ¿Qué? ¿Qué se supone que tengo que hacer?
 Recuerdo la vez en que Luce lloraba. Al igual que ahora, no podía abandonarla, así que lo único que hacía era quedarme en silencio a su lado tomándole de la mano hasta que ella paraba de llorar y, si quería contarme lo que pasaba, entonces yo lo admitiría. Si no, no la presionaría.
   Como dije, no es como si yo andara por ahí queriendo conocer todas las tristezas de las personas.
Así que espero ahí, paciente, para ver si Sara quiere compartirlo. Pero, me aterroriza verla llorar de esa manera, así que le tomo de la mano y me acerco hacia ella, y suelto:
--¿Qué sucede?
Ella alza la cabeza y suena la nariz. Intenta recobrar la compostura, pero no puede.
"Lena, no entres en pánico", me ordeno.
Sara se raspa la nariz, intentándolo una vez más. Pero parece que hace el efecto contrario.
" No entres en pánico, no entres en pánico... Dios, Lena, no salgas huyendo... ¡No entres en pánico!"
Ella mira el piso fijamente unos momentos e intenta una vez más.
Parece que ahora da mejor resultado. Frota la mano contra su nariz.
--Es muy poco profesional, ¿No es así?--Murmura por lo bajo.
Me encojo de hombros y me quiebro la cabeza por alguna de mis respuestas estúpidas, pero nada.
¡Menudo momento para ponerme seria!
Así que sonrío y paso la mano por su brazo.
--¿Y qué?--Murmura--¿Nada de tus respuestas irónicas?
Sonrío.
--Sí, ya. Me he quedado pobre el día de hoy. Pero si me cuentas algo estúpido de Laura, a lo mejor puedo sacar una de mis respuestas condenadamente inteligentes.
A pesar de mi respuesta, ella me sonríe.
Se queda callada unos momentos.
--Si quieres contarme lo que ha sucedido contigo hace un momento, soy todo oídos.
Ella se limpia las lágrimas con la manga de su blusa amarilla.
--Estoy enferma, Lena.
La miro y me muerdo el labio ligeramente.
--¿Enferma? ¿Es algo... grave?
"No entres en pánico, Lena, no entres en  pánico... No entres en pánico"
--Pues sí.
"No entres en pánico, no entres en pánico... ¿Que dijo? Oh, dios,.... No entres en pánico, no entres en pánico..."
--¿Vas a morir? Es algo como cáncer terminal. Por favor, dime que no es algo como cáncer terminal.
"No entres en pánico, no entres en pánico, no.... ¡Oh, Dios! ¡Estoy entrando en pánico!"
Mi pecho comienza a subir y a bajar.
--Cálmate, Lena.
--¿Nada de Cáncer, verdad?
--No.
Aspiro y expiro. ¡Oh, Dios, gracias!  El alivio que siento casi duele, lo juro.
La idea de que algo le pase duele. Es la primera vez que me doy cuenta.
--De acuerdo--Murmuro.
Sara pasa uno de sus dedos por sus ojos, enjuagándose las lágrimas una vez más.
Esto es incómodo.
Es muy incómodo.
Pero me quedo ahí clavada en el suelo.
--Es sólo que es injusto. ¡Laura ni siquiera quería ser madre!
Ahora intento mantener la calma para no gritarle si está llorando porque Laura va a tener un bebé.
Respiro hondo.
--¿Pero que es lo que te trae tan mal? Tu vida es buena. Tienes a Alan, tienes a tu familia que te quiere. Bueno, sí, tienes a Laura, que es más molesta que una patada en el trasero, pero... ¡ Anímate! Me tienes a mí. Quiero decir... ¡Soy adorable! No pueden evitar amarme. Enserio, tienes suerte de tenerme--Digo con aires de grandeza. Mi condenado ingenio está volviendo a mí--¿Por qué tan mal? Dime una cosa, ¿Estás molesta por el embarazo de Laura? Porque sí, todos sabemos que probablemente pague a alguien más para que les de leche materna... O simplemente olvide alimentarlo y muera, pero tu reacción es ridí...
 Ella me corta antes de que pueda continuar.
--Nunca podrás comprenderlo, Lena. No sabes lo que significa para mí.
--¿Que seas tía?
Ella sacude la cabeza, molesta.
--¡No! ¡Estoy enferma, Lena! Fui con el doctor hace unas semanas...
Ella toma aire... Y espero a que continúe.
--Estoy escuchando, Sara.
--Fui... Yo sentía un dolor... No puedo quedar embarazada.
Ella ahoga un sollozo. Luego reina el silencio.
Parpadeo. Siento mi corazón golpeando contra mi pecho. Oigo incluso su corazón golpeando contra su pecho, frenético.
Pues sí, tenía razón; No puedo comprenderlo.
Me quedo callada sosteniendo su mano mientras elijo las palabras en mi mente.
--Sara... ¿Quién lo sabe?
--Mamá. Alan.Tú.
Paso la mano derecha por mi nuca.
No sé cómo hacer esto.
--¿Y qué te dijeron?
Ella sacude la cabeza.
--Me apoyaron.
--Sabes que puedes adoptar, ¿No?
--Lo sé.
Muerdo mi labio.
--¿Entonces cuál es el problema?
Ella parece enojada.
--¡No lo comprendes, Lena! ¡No lo captas aún!
--¡Entonces explícamelo!
Ambas parecemos alterada. Porque estamos alteradas. Y es justamente lo que quería evitar, pero no puedo dejarla sólo.
--Es todo... ¡Es todo lo que siempre quise para mí! ¡Casarme, tener hijos! ¡Y maldita sea, no importa, porque no lo entenderás, pero estoy celosa!
Parpadeo e intento procesarlo.
--¿Celosa? ¿De Laura?
--¡Ella no quería y lo obtuvo! ¡Y yo ni siquiera tengo posibilidades! ¿Sabes cómo se siente? ¿Que alguien más tenga algo que bien pudo ser tuyo? ¿Y que esa persona no tenga ni idea lo que que tiene?
Quiero negarl
Quiero decirle que no, que nunca lo he sentido, que no puedo comprenderla. Quiero marcharme y negarlo.
Pero no es cierto, porque inmediatamente pienso en la nena de pelo castaño que es mi media hermana. Ella tiene mi lugar. Es mi reemplazo. La eligió a ella. No a mí. A mi me tomó y luego me dejó. A ella nunca la dejó. ¡Y ella no tiene ni idea!
 Casi me atraganto con mi propia saliva cuando me doy cuenta de que en verdad comparto el mismo sentimiento de Sara. Que no sólo me sentía usada, enfurecida, asustada, si no que me sentía celosa. Celosa de esa nena. Y casi me vuelvo a atragantar con mi saliva de nuevo cuando me doy cuenta de que no sólo me siento celosa de que a ella no la hayan desechado como a mí, sino que también me siento celosa de que ella no tiene ni idea de nada:  No tiene idea de mí. Probablemente ella piensa que es hija única, con su papá en casa y su mamá por ahí. Vive en su perfecto mundo con paredes de cristal, que la protegen del exterior. De todo aquello que le puede hacer daño. De todo aquello que no debe de estar en su vida.
 Que la protegen de mí.
¿Pero, y yo?
¿Qué hay de mí?
Mis paredes de cristal están rotas. No hay nada que me proteja de la verdad.
Recuerdo el día en que supe de ella, en el parque, cuando ella la llamó "Papá". ¡Cuando yo quería hacer las cosas bien! En ese entonces las paredes me protegían.
La ignorancia en bendición.
--¿Lena?--Susurra Sara--Lo siento, guapa. No quería hacerte llorar con mis problemas.
Miro a Sara.
¿Llorar, yo?
Alzo la mano y toco mi cara. Pues sí, tan mojada como un río.
Un sollozo horrible se oye. Luego comprendo que sale de mi pecho. Y que lo que acabo de averiguar me destroza. Pero en verdad hay algo que me dice que siempre lo supe, sólo que hasta ahora soy completamente consciente de ello.
--Te comprendo--Murmuro--Lo de los celos, te comprendo.
--¿Qué sucede, Lena?
Mis ojos se humedecen de nuevo. Veo todo nublado. Y odio esto, por un instante. Pero, luego, las lágrimas me hacen sentir libre. Como si acabara de salir de una jaula.
--Lo entiendo--Murmuro--Lo comprendo, Sara; He sido reemplazada.
Ella toma la punta de  unos mechones de mi cabello rubio y jala juguetonamente mientras sonríe tristemente. No intenta presionarme para que diga más del tema. Ella se conforma con que le diga lo que siento.
--Lo siento.
Ella lo vuelve a repetir lastimosamente antes de caer en el llanto de nuevo. Esta vez sé perfectamente qué hacer: La abrazo con fuerza hasta que ella pasa una mano por mis hombros y otra por mi espalda.
Y lloramos.
Tal vez no pueda comprender nunca lo que es para ella ser madre. Lo que significaría. Nunca lo comprenderé. No entiendo. Pero si entiendo el sentimiento. Y es miserable.
Así que lloramos.
Lloramos por las cosas que nos han destrozado.
Lloramos también por las lágrimas de la otra.
Y finalmente lloramos porque ninguna de las dos nos lo merecemos.
 Entonces entiendo algo, otra cosa : La verdad es que quizá ella tampoco entienda mis razones, o tal vez sí, ya que ella es psicóloga... Tal vez no entenderemos nunca nuestras razones, porqué ella llora tanto por una personita a la cuál no ha conocido aún, o porqué yo lloro porque me siento reemplazada. Tal vez. Pero el punto es que estamos dispuestas a sufrir por la otra, supongo que lo supe cuando decidí quedarme en vez de huir. Estamos juntas. Es como mi hermana mayor que yo nunca pude ser para esa niña de pelo castaño.
 Que no podré.
Y yo, soy como la adolescente que algún día, en muchos años, ella hubiera podido tener de hija.
Y no podrá.
Entiendo que estamos juntas.
Y, al final, juntas lloramos.


--Sthep Stronger.

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