martes, 24 de julio de 2012

Mine, capítulo 33.


Mine, capítulo 33. "Ciega".

Los trazos delgados y curvados de tinta azul en el papel rellenan los espacios. Letra por letra. Una A curvada por ahí, una Y más curvada que la Y anterior por acá hasta llenar la página y dar la vuelta.
Tengo un diario. Lo cual es muy extraño ya que sólo lo uso cuando recuerdo que tengo un diario. Puede pasarme algo muy impactante, como descubrir que tengo una media hermana, y no escribirlo hasta semanas después. Ahora termino de escribir la experiencia que viví con Sara hace una semana. Todo está escrito ahí, en tinta negra. Cada sentimiento.
Y está bien.
Mi celular suena, en mi escitorio. Justo al lado de mi libro Canciones Para Paula. Lo tomo distraídamente, aún viendo mi diario. Contesto.
--¡Ponte guapa, nena!--Me gritan del otro lado de la línea.
--¿Luce?
--Yes. ¡Adivina qué! Tenemos otra cita doble. ¿Sabes de esos zapatos cafés tan monos que...?
--No.
Cuelgo el celular y lo pongo sobre Canciones Para Paula.
Golpeo el plumón contra mis labios pensando si agrego algo más al diario.
Mi celular suena de nuevo.
Lo miro.
Contesto.
--¿Hola?
--¡Y te los podría prestar para que te los pongas con ese vestido amarillo tan mono que está en tu armario...!
Cuelgo y lo vuelvo a poner en mi escritorio.
Sí, creo que no hay nada qué agregar en mi diario. Veo la tapa dura marrón con detalles dorados y plumas dibujadas de pavo reales.
El celular empieza a sonar y a vibrar encima de mit libro de nuevo.
Echo mi cabeza hacia atrás, exasperada.
--¿Qué?--Contesto.
--¡Ni que se te ocurra colgarme!
--¿Y que si lo estaba pensando?
--Pues no lo hagas. Sé que no te gusta, ¡Pero por favor, por favor, por favor!
--No. No volveré a salir en una cita doble contigo con tu novio veinteañero y el señor Super Cortón. Adiós.
--¡No me cuelgues!
Y no lo hago.
--No voy a ir.
--¿Ni siquiera por mí?
--No.
Hay un silencio al otro lado de la línea.
--Egoísta. Nunca te lo perdonaré si me dejas ir sola a la doble cita.
--Nunca te perdonaré que me hayas hecho una doble cita sin avisarme primero.
--Por supuesto que lo harás, porque me amas.
¡ Está tan segura de eso!
--Adiós, Luce.
--¡Hazlo por mí! ¡Lena! ¡Por favor!
--...No.
--¡Piénsalo!
Me quedo en silencio unos momentos.
--¡Ya lo pensé!
--¿Si?
--Sí.
--¿Y?
--No.
Hay otro silencio al otro lado de la línea.
--¿De regalo de cumpleaños?
--No.
--¿Qué tengo que hacer?
Suspiro fuerte.
--Luce, no tengo ganas, de verdad. Mi vida está retorcida en estos momentos.
--Pues vamos, y cuando salgamos, me cuentas. Con un café. Mejor uno de Caramelo. ¿Que te parece?
--No.
Entonces Luce empieza a ... ¿Empieza a llorar del otro lado de la línea? Me toma unos momentos. ¡Dios, sí que está llorando del otro lado de la línea!
--Luce...
--¡Por favor!
--No llores...
--¡Por favor!
Y repite eso al menos unas cinco veces. Sólo quiero que se calle.
--¡Bien, bien! ¡Está bien! ¡Pero deja de chillar!
Hay otra pausa.
--¡Que bien! Ponte el vestido amarillo.
Su voz suena repentinamente alegre.
Manipuladora.
--Estás loca si piensas que me voy a poner un vestido. Si voy, voy a mi manera.--Respondo.
--Bien, pues. ¡Pero ponte guapa! --Dice antes de que cuelgue.
Me levanto y busco en mi armario un pantalón de mezclilla rojo y una blusa rayada  roja con negro. Me pongo esos zapatos monos estilo Vintage que Luce me regaló para mi cumpleaños el año pasado. Y que no he estrenado aún. Pienso que tal vez le gustará.
Cuando me visto y bajo por las escaleras, me da un ataque cuando veo a Lucas en mi sala. Me caigo de trasero en las escaleras. Y mi duele como los mil demonios.  Él se me acerca y me sonríe.
--Hola, Cariño.
Al principio me tardo en responder, ya que casi me saltan las lágrimas por mi trasero adolorido. Pero me obligo a sonreír y a jugar su mismo juego.
--Hola... Cielo.
Saca una carcajada y pasa su mano por su pelo rubio ceniza. Tiene esa maña. Luego me la ofrece para que me levante. La tomo, dudando al principio.
 Cuando estoy de pie, toco disimuladamente mis pompis, sólo para asegurarme que todavía tengo.
--¿Y qué haces aquí?
"¿O desde cuando tiempo estás aquí?"
--Laura estuvo esta mañana aquí, ¿No? Pues olvidó su celular. Me quedaba de paso a mi trabajo y me pidió que pasara por él y se lo guardara.
Asiento.
Pues sí. Ella estaba aquí en la mañana, muy temprano. Pero como siempre, subí las escaleras e ignoré la Zona Laura.
--Estuvo aquí, pero no sé dónde está...
Paso la mirada por los sillones...
El teléfono de Lucas suena.
Mira el identificador antes de contestar. Y luego lo hace.
--¿Clea?--Susurra, muy bajito, como para que yo no escuchara.
Pero lo he hecho.
Disimuladamente paso al lado de la mesita de café y busco el teléfono Black Berry de Laura.
Lucas sale de la habitación. Me dejo caer en el sofá, furiosa.
 ¡Que había cortado con ella! ¡Menudo mentiroso!
Me cruzo de brazos. Paseo la vista por la habitación, y diviso el celular de Laura, en el suelo, cerca de una de las patas del sillón. Pero me quedo ahi sentada. Pasa un momento, cuando vuelve.
--¿Lo encontraste?--Murmura.
Señalo el piso.
Él me mira y luego lo recoje.
--Bueno... Gracias. Oye, ¿Sigue en pie? Quiero decir, lo de mañana.
--¿Te refieres a lo del cine? Sí, supongo.
Él está a punto de decirme algo, cuando le suelto:
--¿Entonces si estás con esa Clea?
Se detiene.
Me mira, suspicaz.
--¿Porqué?
--Ah, nada. Es sólo que, como amiga, me alegro de que estés con alguien.
Sonrío. Pero no hay nada alegre ahí.
Se queda mirándome. Mete las manos en su chaqueta negra.
No dice nada.
--Bueno, Lucas. Temo que tengo que correrte de aquí, ya que mi madre no está y yo tengo que salir.
Entonces me mira de arriba abajo de nuevo. Repara desde mi pelo rizado hasta la punta de mis zapatos Vintage. Se fija en mi labial rojo, en mi blusa ligera y mis pantalones rojos ceñidos.
Frunce el ceño.
--¿Algo importante?
Sonrío.
--Una cita.
Se me queda mirando. Abre la boca, la cierra. Algo en su mirada cambia.
--¿Entonces estás engañando a Keller con otro tipo? Eso es bajo, Lena.
Algo en su voz... Se siente ofendido.
Ruedo los ojos.
--No estoy con Keller, inútil. Ahora largo.
Señalo la puerta, furiosa.
Una sonrisa dura e irónica se forma en sus labios.
--¿Me estás engañando con dos tipos, Cariño?--Suelta, con voz empalagosa.
Me cruzo de brazos.
--No te quejes, niño lindo, que tú estás jugando el mismo juego.
Hay una chispa de reconocimiento en su mirada. Sonríe divertido y mira el techo para luego mirarme de vuelta.
--Ahora comprendo.
--¿Comprendes, qué?--Digo.Miro mi reloj.--¿Sabes qué? No me importa. Se me hace tarde. ¡Largo de mi casa!
Sonríe por última vez y cruza por la puerta. Lo veo marchar por la ventana hasta que el carro desaparece.
Y me quedo ahí unos minutos, con los brazos cruzados, completamente furiosa.


Cuando llego al punto de encuentro, a un Bar-Café, busco a Luce con la mirada. La encuentro con el vestido más pegado que he visto en toda mi vida, marrón con estampado de flores rosas. Su pelo oscuro liso está suelto rozando sus hombros desnudos, y sus labios dibujan una perfecta sonrisa rosa pálido. Sin embargo, suelto la risita cuando veo sus zapatos Vintage, del mismo estilo que los míos, sólo que de diferente color. ¡Y ella me los regaló!
--Oye, Luce--Digo mientras me acerco--Amo tus zapatos.
Luce voltea hacia mí y sonríe. Mira sus zapatos, y luego los míos. Su cara cambia a una mueca de sorpresa y luego hace una mueca de disgusto.
--Diablos--Murmura por lo bajo.
Sonrío y jalo una de las sillas.
--Hola, Lena--Dice alguien.
Miro hacia dónde están los tipos a los cuales no les presté atención cuando entraron.
Keller.
 Entorno los ojos.
--¿Keller?
Ahí está, con el pelo oscuro y con sus ojos azules como el hielo. Insinuando una sonrisa divertida.
--Max--Corrige.
"¡Y a mí qué me importa!"
Me siento en la silla, colgándo el bolso en una de las esquinas.
--Ajá--Murmuro, indiferente.
Miro al otro tipo, no le veo mucho la cara ya que revisa su celular, pero tiene el pelo castaño y lacio, y es musculoso.
--¿Se conocen?--Repone Luce.
--Sí. Es el hijo de una amiga de mi madre, que fue a casa en su cumpleaños.
----Dice Keller.
Luce me mira fijamente.
El chico del celular se disculpa, diciendo que es una llamada de su hermana y que tiene que contestar. Se levanta y se va afuera.
--Que raro. No me dijiste nada.--Dice Luce.
Algo en su mirada me dice que está herida.
Me encojo de hombros.
--Ya qué. Se me olvidó.
Le resto importancia.
Luce mira a Keller y le dirige una sonrisa.
Llega el tipo musculoso, y veo su rostro. Es diferente; No es como nosotros. Se ve más... Veinteañero. No me malinterpretes, es guapo, pero, ¡Es mayor! ¡Ha de tener unos veinte años!
 Miro a Luce y le piso el pie.
--¿Qué coños...?
Ella me mira enfurecida, y miro al tipo del teléfono. ¡Es evidente que Luce sabía y no me dijo! Y lo compruebo cuando sonríe siguiendo mi mirada y se encoge de hombros.
 Esto es un fiasco. Lo supe desde el primer momento.
--Lo siento. Problemas de hermanas--Dice, y se sienta en frente de mí.
Sonríe, pero hay algo en su sonrisa...
El tampoco quiere estar aquí.
Pues bien, ya somos dos.
--Lena--Dice Luce--Este es Oliver. Oliver, ella es Lena, mi pequeña e irritante mejor amiga.
Miro a Luce.
¿Y qué? ¿Qué con lo último? ¡Sólo se va a dar cuenta de que soy irritante, no tenía que adelantárselo!
--Gracias, Luce--Murmuro.
--De nada--Murmura, divertida.
--Un gusto--Dice Oliver.
--Igual.
Luce se levanta y toma de la mano de Keller, alejándole del lugar.
--Vamos, Max. Hay que tomar algo en la barra. Dejemos a Oliver y a Lena conocerse.
¡Pero si ella no soporta el alcohol! ¡Me está dejándo sola!
La miro con odio en la mirada.
--Estoy haciendo esto por tí--Dice, muy , muy bajito.
Y luego arrastra a Keller lejos.
Pongo mi mano en mi frente, preguntándome porqué me dejé engatusar.
--Nos abandonaron--Dice el otro, Oliver.
Lo miro alzando la cabeza.
--Sí... Lo siento. Nunca pensé que Luce haría eso.
Sonríe levemente. Sus ojos son oscuros, muy oscuros, pero es la primera vez que me doy cuenta de que son   marrones oscuros con rastro verde increíblemente fuerte.
--Pues sí--Dice--Se supone que estaría en casa con mi hermana. Pero el señor Super Inteligente tuvo esta genial idea--Señala a Keller.
Es la primera sonrisa verdadera que saco: Sonrío.
--No lo culpes, probablemente fue Luce quién lo engatusó como me lo hizo a mí.
Me devuelve la sonrisa.
--¿Conoces a Luce desde hace mucho? Parecen muy unidas.
Bufo.
--Pues la mayoría del tiempo me dan ganas de estrangularla. La conozco desde hace un par de años... Es como la hermana que nunca tuve.
Sonríe.
--Conozco de hermanas. La mía me vuelve loco; Es más alegre de lo normal, es un poco desesperante, pero , ya sabes: No puedes evitar amarlas.
Sonrío y asiento.
--Sí, supongo que sí. De hecho, tengo una prima que puedo considerar mi hermana... Y como hermana mayor la arrastro hacia la Feria Del Libro, todos los años. Cuatro horas ahí, lo suficiente como para que termine odiándome.
 Terminamos teniendo una conversación amigable, abierta, nada incómoda  cosa que no me imaginé cuando llegué aquí. Me imaginé algo como el señor super Cortón. Averigüé que en verdad tiene una relación con una chica, Scarlet (Pero que no van del todo bien, ya que está en un Bar-Café hablando con alguien que acaba de conocer)  Tal vez sacó el tema porque pensó que tenía que ponerme un límite, pero yo no estoy aquí para ligar. No se lo expliqué. También averigüé que tiene 24 años, y que cuando me vio, pensó que Keller no le había dicho mi edad, y que también lo quería matar. Le conté cómo yo también quería matar a Luce. Y luego le conté que ella probablemente no me lo dijo porque soy muy solitaria respecto a novios. Y me contó que Keller lo arrastró para que "Superara" a Scarlet. No hablamos de ningún tema profundo, sólo cosas triviales y algunas bromas sobre Keller y Luce.
 Media hora después de que Luce y Keller volvieran a nuestra mesa, él dice:
--Tengo que marcharme.
Y sonríe. Dice algo así cómo que fue encantador conocerme y se va sin despedirse de Luce y Keller porque están intercambiando saliva al otro lado de la mesa.
Miro la mesa y espero un minuto, pero cómo vuelven a empezar, me levanto. Miro mi reloj. Han pasado cuatro horas.
--Luce, me marcho.
Ellos se despegan y me miran. Y es como si olvidaran que yo estaba ahí antes. Keller se pone rojo.
Ruedo los ojos.
Luce se alisa el vestido que es tan pegado que es imposible que se le suba un milimetro.
--De acuerdo. ¡Espera, vienes conmigo...!
Veo la decepción en su rostro.
--Tampoco es como si nunca hubiera tomado un Taxi, Luce. Adiós.
Ella me agradece con la mirada y luego vuelve a su trabajo con la boca de Keller.
Me marcho de allí pisoteando el suelo con mis super modernos zapatos Vintage.
Cuando decido que voy a irme en metro y camino hacia allí ya que no está muy lejos, alguien se detiene junto a mí en un auto. Y escomo un deja-vu.
--Hola de nuevo, preciosa.
Es Lucas, mirándome desde el asiento conductor.
--¿Sabes qué?--Suelto--Estoy oficialmente pensando que me estás siguiendo. Pensé que esto ya había pasado antes. Llamaré a la policía, Lucas, te lo juro. Así que márchate.
Sonríe.
--Eres tú la acosadora, Lena.
Casi me atraganto con mi saliva.
--¡Ya quisieras!
Sigo caminando.
--Es cierto que ya tuvimos este momento antes--Concuerda él--Así que ya sabes qué hacer: Sube. Te llevaré a tu casa.
 Este es el momento cuando me niego. Pero miro mis zapatos y sé que no es el mejor momento. Así que subo.
Mientras me pongo el cinturón, murmuro:
--Pero llamaré a la policía.
El sólo agita la cabeza y me vuelve a mirar.
--Entonces...¿Cómo estuvo tu cita?
--Pues muy bien. Un chico muy agradable. Y muy guapo.
En verdad no sé porqué estoy dicendo esto, pero espero que le llegue.
--Lena--Dice, con tono serio--¿Porqué estás saliendo con él?
--¿Con quién?
Parece un poco molesto.
--¡Con todas esas personas! ¡Keller y el tipo con quién te encontraste ahora! ¿Porqué haces esto?
Estoy confundida.
--¡Porque sí!
También estoy enojada por un momento.
--No lo entiendo. Pensé que tú... ¿Es que no te das cuenta?
Parpadeo.
--¿Darme cuenta de qué?
Me doy cuenta de que estamos gritándonos. Pero no mejoro mi tono de voz.
Se queda callado.
--¡No entiendo tu actitud!--Le grito.
El le da un golpe al volante.
--¡Maldita sea, Lena! ¡Eres una ciega! ¡No puedes ver nada aunque te lo pongan en frente de tí!
--¿De qué me hablas? ¿Ver qué cosas?
Se queda callado.
--Olvídalo --Dice después.
Me cruzo de brazos y me quedo callada hasta que llegamos a mi casa. Me bajo furiosa del auto sin siquiera decir adiós.
 ¡Que se vaya al carajo!

-Sthep Stronger.

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