martes, 4 de septiembre de 2012

Mine, capítulo 40.


Mine, capítulo 40: "Cosas de hermanos".

Discutimos de nuevo. Pero esta vez no hubo gritos, no hubo lágrimas, nada. Simplemente nos sentamos e hicimos las paces, pero volvimos al mismo tema. Él sólo suspiró cansado después  y me dejó salirme con la mía, pero  sé que no estaba feliz conmigo. Eso fue un poco después de que yo me tragara mi orgullo, lo abrazara y susurrara muy bajito que lo sentía. Y que lo quería, pero eso fue muy, muy bajito. No estoy segura si lo oyó. Después me abrazó de vuelta y me dio un beso en la frente. Y bromeando, dijo: "Eres una niña muy terca". Yo sólo escondí la cara en su pecho y reí un poco. Sin embargo volvimos al punto de no estar de acuerdo. El decía algo así como "No debe ser tan malo" y yo le susurraba "No". Y ambos terminamos cansados de la tensión. Acordamos que no hablaríamos del tema nunca más, si yo intentaba leer las cartas. Dijo que no tenía que leerlas todas, dijo que tenía que intentarlo, sólo intentar hacerlo. Y no es como si hubiera sido muy fácil para mí, pero era eso o despedirme de Lucas para siempre.
 Y no estaba lista.
También acordamos que el día de hoy nos veríamos en su casa para ver algunas películas y comer chucherías,lo que significaba que nos besaríamos y bromearamos mientras fingíamos ver películas, pero le dije que tenía cosas que hacer así que yo lo vería allá, no tenía que recogerme.
  Y lo que yo tengo que hacer antes de ir allá era recoger los recuerdos de boda de Laura. Mamá me prestó su coche ya que ella saldría con sus amigas a cenar. Volvería a la madrugada, pero me mataría definitivamente si no me encontraba en la cama cuando llegara.
 Suspiro mientras deslizo la pesada caja de cartón en la cajuela. ¿Para que quiere Laura tantos adornos? La mayoría terminarán tirados y olvidados. Está tan pesada que se me cae y se abre. Algunas chucherías-adornos se me caen al suelo.
Genial.
Me agacho para rejuntar todas las chucherías que honestamente son horribles y ridículas, y entonces unas pequeñas manos toma otra de las chucherías y la devuelve a la caja como lo hago yo. Levanto la cabeza para encontrarme con la cara de una niña de pelo lacio y castaño, ojos oscuros, muy bonita, y...
  Y sé que ya la había visto antes. Pero no me cuadra en dónde.
--Gracias--Digo, con una sonrisa amable.
Me sonríe de vuelta.
--Está bien. Mi hermano dice que hay que ser amable con las personas.
Sonrío un poco más mientras hecho las cosas a la caja junto con esa niña.
--Pues tiene razón. Tu hermano es muy inteligente.
 La niña sonríe abiertamente.
--Sí. Es muy inteligente y es muy lindo...
--¡Cariba!
La niña mira detrás de mí, respondiendo a la voz.
--¿Es tu nombre?--Pregunto mientras cierro la caja cuando meto la última chuchería y la levanto--¿Cariba?
Ella se levanta y asiente con la cabeza, aún mirando detrás de mí.
Meto la caja al carro y cierro la cajuela.
No ha de medir ni un metro cincuenta, es demaciado pequeña. Me fijo en su falda de lentejuelas arriba de su mayas... Se me cae el alma a los pies cuando me doy cuenta de que sí que había visto a esa niña antes, pero no tenía que ver con su rostro o su cabello, tenía que ver con su ropa.
 Tenía las mismas mayas y la misma falda de lentejuelas morada la primera vez que la vi.
En ese parque.
 Miro su rostro mientras se forma un agujero en mi pecho. Su cabello, su estatura... Todo encaja.
--¡Cariba!--Vuelve a gritar la voz, y sus pasos se oyen cerca detrás de mí. Entonces me doy cuenta de que son dos voces, de dos hombres corriendo hacia la niña, detrás de mí.
  Cariba alza los brazos y grita:
--Estoy bien. Sólo le estaba ayudando.
No miro hacia atrás.
Uno de los hombres pasa a mi lado sin siquiera reparar en mí y toma a la niña del hombro.
--Cariba, nunca, nunca, vuelvas a salir corriendo, ¿De acuerdo? Pensé que te había perdido.
 Me giro hacia el hombre. Está agachado un poco hacia Cariba y le toma el hombro. Tiene el cabello castaño oscuro y... Gira hacia mí.
 Oliver.
--¿Lena?--Murmura, sin aliento.
No tengo tiempo para contestar, porque otro hombre llega detrás de mí.
 Ya he oído su voz grave antes, toda mi vida. Antes de que se fuera.
--¿Cariba? ¿Dónde estabas? ¿Cómo se te ocurre salir...?
Me giro, y él ve mi rostro. Y yo veo su rostro.
Quiero salir de ahí corriendo y llorar incontrolable e irremediablemente. Pero antes de eso la voz de Cariba me congela:
--Lo siento, papi.
Papá mira a la niña, luego me mira a mí. Y luego mira a Oliver.
--Yo...--Dice--Lena...
Intento no contestar a mi nombre, en vez de eso miro a Oliver, quién se ve un poco confundido.
¿Que está él haciendo aq...?
Se me congela la sangre, pero me obligo a mirar a Cariba.
--¿Es tu papá?--Le pregunto.
Ella sonríe y señala a Oliver.
--Sip. Y el es mi hermano mayor.
Tomo aire fuerte y miro mis llaves en la mano mientras lo entiendo.
--Lena...--Dice papá.
Mi papá. El de Cariba. El de Oliver.
El nuestro.
--¿Lo conoces?--Pregunta Cariba, inocentemente.
Siento la mirada de Oliver en mí, y cuando lo miro, veo que ya no luce confundido. Sé que él ha entendido algo. Sé que él ya lo ha entendido, y se tan afectado como yo. Sólo que no tiembla.
 Miro a Cariba y le sonrío amablemente. Pero siento como si mi sonrisa estuviera temblando. Tal vez así sea.
--No creo, pequeña.
Me obligo a sonreír, pero sólo quiero llorar.
Cariba parece notar un cambio.
--¿Estás bien?--Pregunta Cariba, echando la cabeza para atrás para mirarme.
--Claro que sí. Sólo que se me está haciendo tarde. Tengo que irme.
Me doy la vuelta mientras mi sonrisa se desforma y abro la puerta del auto.
--¿Lena...?--Cariba dice mi nombre, como si estuviera comprobándolo. Como si acabase de acordarse de algo.
 Me meto y enciendo el motor.
--Lena, quisiera explicártelo...--Dice papá, inclinándose en mi ventana.
Pongo la radio y le subo el volumen. Cierro la ventana.
Él está del otro lado. Miro por el espejo del otro asiento y lo muevo un poco, hasta que veo a Oliver sosteniendo a Cariba, que está confundida, de los hombros. Él aprieta la mandíbula.
  Y con eso sé que él no lo sabía.
No sabía el nombre de su media hermana. No sabía que era yo cuando me conoció.
Y yo no sabía quién era él.
 Yo sólo creía que era Cariba. Esa pequeña nena de pelo castaño y lacio.
Pero estaba equivocada, estaba muy equivocada. Limpio mis lágrimas mientras conduzco lejos.
 Llego a la casa de Lucas, sin embargo sigo llorando, así que me quedo en el carro y recargo mi cabeza en el volante para calmarme. Pero no da resultado.
 Cuando me doy cuenta de que no estaré bien hasta tal vez mañana, dificílmente, así que cuando levanto la cabeza y pongo la llave en el contacto para marcharme, alguien abre la puerta del pasajero y se mete al auto. Estoy entrando en pánico, hasta que veo que es Lucas. Me mira desde el asiento del pasajero. Intento no mirarlo.
 Estoy cansada de llorar cuando está él, así que me limpio las lágrimas e intento reprimirlas, y eso hace que mi nariz arda. Saco el aire que estaba dentro de mis pulmones.
--Sabes que no puedes mantenerme fuera esta vez, Lena--Dice--Tienes que decirme que ha pasado.
 Es cierto, no puedo dejarlo fuera esta vez. Tal vez hubiera podido si no hubiera llegado a su casa llorando y en vez de eso hubiera ido a la mía.
 Con una mano temblorosa paso la mano por mi cabello rubio.
No me afecta mucho decir que tengo hermanos.
El daño está en que, él los eligió a ellos. Y no a mí. No me eligió a mi.
¿Porqué no me eligió a mi?
 Y entonces mi diminuto cerebro me muestra algo lógico: Oliver tiene 24 años.
Él estaba antes que yo. Pero volvió a elegirlo, después de patearme lejos.
 Me siento doblemente rechazada.
Sin embargo ambos fuimos pateados. No me sorprendería si me odiara... ¿Pero yo odio a Cariba? Pienso en eso. ¿Odio a Cariba? ¿Odio que me haya pateado para estar con Oliver y Cariba? ¿Que haya elegido que Cariba sería mi reemplazo?
 "No", decido después de un rato. "No la odio. Lo odio a él".
 Lucas toma mi mano.
--Lena, no sé qué está pasando, pero puedes decírmelo.
 "Los eligió antes que a mí".
Un chillido sale de mi pecho y asusta a Lucas.
--Lena...
Muevo una mano para callarlo.
--No...--Consigo articular.
--Está bien, está bien. Te doy tu tiempo.
Cierro los ojos y pongo las manos en mi cabeza, recargándo los codos en el volante.
Cuando me calmo un poco, comienzo:
--Oliver...
Y cuando da un respingo sé que no fue buena idea empezar con él.
--¿Qué tiene? ¿Qué te hizo? Lena, ¿Te hizo algo? Lo voy a matar.
Hay furia en su voz.
--No lo comprendes--Le digo.
--¿Fuiste a verlo?--Me pregunta, más furioso que antes, después de una pausa.
Empiezo a negar, pero no me escucha.
--¿Cómo es que todas tus lágrimas tienen que ver con él, Lena? ¿Y porqué vas a ver a tu ex novio?
Me quedo sin aire.
Está celoso. De mi hermano.
--¡El no era mi novio!
--¿Entonces...?
Sigue diciendo cosas así hasta que las lágrimas vuelven a salir. Preferiría que todas sus historias celosas fueran verdad, preferiría estar engañándolo con Oliver a la verdad. Preferiría todo antes de la verdad.
 Como sé que no me va dejar hablar, exploto y grito:
--¡Es mi  medio hermano, Lucas! ¡Es mi hermano, demonios! ¿Quieres callarte y escucharme? ¡Es mi hermano!
 Sin embargo él se ha callada en cuanto he hablado. Se queda mirándome, con la boca ligeramente abierta. Lo miro de vuelta unos segundos hasta que enciendo el motor y digo:
--Sal de aquí.
--Lena, lo siento, yo...
--Sal de aquí.
Se queda mirándome hasta que lo repito de nuevo, y sale del coche. Estoy preparada para marcharme cuando abre mi puerta, se inclina hacia mí y saca las llaves del contacto.
--¿Qué haces?--Le reclamo.
--Estás loca si piensas que voy a dejarte ir así como así.
Toma mi mano y me saca del carro.
--Lucas...
Antes de que pueda terminar el me abraza e intento no llorar. Sólo disfruto el contacto.Y me siento protegida. Se recarga al auto conmigo en sus brazos y me da un beso en la cabeza.
--Siento todo lo que dije--Dice, avergonzado.
 Pero no digo nada.
Nada en absoluto.


Me acomodo en el sillón, acostada junto a Lucas, mientras el pasa un brazo por mi cintura y me abraza. Se lo explico poco a poco. Acerca de la niña y acerca de Oliver, acerca de cómo él me mintió.
 Cuando termino, él se queda callado unos minutos, y luego dice:
--¿Entonces sabías de esta niña, Cariba, desde hace tiempo?
Suspiro y escondo mi cara en su pecho, él me abraza con los dos brazos, completamente.
--Por favor, no te enojes conmigo por no decírtelo. No puedo soportar que te enojes conmigo ahora.
--No estoy enojado contigo, Lena.
--Gracias.
Se queda callado unos segundos.
--Sólo que desearía que confiaras en mí.
Me quejo aún con la cara pegada en su pecho.
--Por favor, por favor, por favor, no me hagas discutir contigo. Por favor.
Juega con mi cabello y me da un beso en la cabeza, pero suspira, cansado.
--Prometo no guardarte nada importante--Murmuro, muy bajo.
--Muy bien--Dice--Te amo.
 A la madre.
Me quedo quieta aún sin mirarlo. Me acaba de decir que me ama. Y eso es fuerte. Es muy fuerte. Y él lo sabe.
"Alamadrealamadrealamadrealamadre...."
--Yo también te amo--Murmuro, bajito. Muy, muy bajito.
--¿Qué?
Levanto la cabeza para mirarlo, pero la vuelvo a ocultar.
--Que te amo.
--¿Qué?
Ahora sí levanto la cabeza para verlo a la cara, y está sonriendo socarronamente. Me hundo en sus brazos.
--¡Ya me escuchaste! Desgraciado.
Se hace el ofendido.
--No puedo creer que me hayas dicho desgraciado.
Levanto la cabeza de su pecho para darle un beso en los labios y luego decirle:
--Te lo mereces.
Y después reímos, entre besos y abrazos.
Y agradezco tenerlo en mi vida. Incluso cuando sé que me va a doler.


-Sthep Stronger.

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