martes, 2 de octubre de 2012

Mine, capítulo 44.


Mine, capítulo 44. "Serás imbécil".

"Catorce minutos", me digo en mi interior mientras bajo mi regalo de pulsera. "Sólo catorce minutos".
 Me recargo en el respaldo de la silla y cruzo los pies uno sobre otros, puestos sobre la base que sobresale de la camilla de enfermos. Miro hacia la persona quién está en la camilla, mi padre. Está dormido, gracias a Dios.
  Cierro los ojos y suspiro, rogando a Dios que no se levante cuando me faltan catorce minutos para cumplir la media hora. Si no lo hace, podré salir y decirle a mi mamá que lo intenté.
Y ella nunca me molestaría de nuevo. O eso es lo que espero.
  Meto la mano en mi bolsa para sacar mis audiculares, intentando no ver el rostro de mi padre para no entrar en pánico, de otro modo, tendrían que ponerme toneladas y toneladas de sedantes. Mis manos no tocan directamente los audiculares, si no papel. Frunzo el ceño. ¿Desde cuando tengo cosas importantes en mi bolso? Ya, que ni siquiera sé qué es.
  Suspiro, pensando que probablemente fue la tarea de español que accidentalmente arranqué del cuaderno (y que ahora tengo que copiar en el), sin embargo no lo es. No se siente igual.
 Cuando asomo la cara a la bolsa, encuentro las cartas ahí dentro. Abro la boca; Ni siquiera me acordaba que las desgraciadas estaban ahí metidas.
  Frunzo el ceño cuando recuerdo la última semana, cuando Lucas subió hacia mi habitación mientras yo terminaba las tareas. Yo lo había seguido con la mirada.
--¿Qué vas a hacer?--Le pregunté.
No me contestó, pero al rato trajo la caja que estaba debajo de mi cama, donde guardaba todas las cartas. La puso sobre la mesa, sobre mi cuaderno de francés. Yo había levantado la cabeza y se la había arrebatado.
--¿Y tú qué haces con estas?
--Hiciste una promesa. ¿Recuerdas? Dijiste que lo intentarías.
Fruncí el ceño y dejé la caja en el suelo.
--Pero no dije cuando.
--¡Pero tú sí que eres una tramposa!
Tenía esa cosa que siempre sonreía. Siempre. Incluso cuando estaba echándome la bronca. Él echaba la cabeza hacia atrás y se reía, como si fuera un niño pequeño.
 Y era absolutamente adorable.
Con la sonrisa pegada en su rostro había recogido la caja del suelo y la había volcado sobre la mesa. Todas las cartas salieron.
  Escuché el carro de mamá cerca y empecé a meter todas las cartas a la caja de nuevo, antes de que pudiera reprender a Lucas. Él me ayudó cuando oyó el sonido también, pero las cartas eran muchas, así que cuando mamá estaba poniendo la llave en la cerradura, metí las que sobraban en mi bolsa.
    Ahora miro las cartas en mi bolsa, y me pregunto si mi decisión de ser madura contaba con cumplir todas mis promesas... Demonios, por supuesto que lo es.
Saco las cartas y me cubro la cara con ellas, mirando de reojo a mi padre, intentando que las nauseas bajen.
Parpadeo, y me armo de valor.
 Porque ahora soy madura.
 Abro la carta, la más reciente que encuentro entre las que tengo en la bolsa.

        "Querida Lena:

         Estoy gastando mi tiempo escribiendo cartas que sé que no estás leyendo, o que bien, no me has
         devuelto. Hablaría contigo en persona, si contestaras el teléfono. O si me llamaras tú. Pero no espero
         que vaya a suceder.
          Necesito que conozcas a alguien. A alguien muy especial..."


Empieza a hablar de Cariba. Y me lo dice directamente: Tienes una hermana. Empieza a hablar mil maravillas de ella, y deja a Oliver a lo úlitmo. Como si apenas se acordara de él. "Ah, y también tienes un medio hermano. Oliver".
  Y finaliza con: "Y estas son las cosas que tengo que decirte de frente, pero que con tu actitud tan infantil, como siempre, no pasará".
   Tan bien que empezó la carta para que lo arruinara.
Mi garganta se cierra cuando releo la carta de nuevo: Él nunca dijo nada de eso acerca de mí. Nunca.
  Eligo otra carta al azar.
 Esta vez es sólo una frase.
 "Estoy intentando reparar las cosas".
 Miro hacia mi padre, a media muerte acostado en la camilla. Frunzo el ceño. De acuerdo, si leo sus cartas, no parece tan malo.
  Me pregunto si en verdad ha cambiado.
Me inclino hacia delante y miro su rostro.
¿Puede ser?
Me rasco la nuca y trago saliva, esperando. Alzo mi pulsera de mano. De acuerdo. Diez minutos.
  De cualquier manera, no estoy como para descubrir si en verdad ha cambiado. Aún tengo que pensar sobre Cariba.
  ¿Hablar con ella significa que para ella seré su hermana mayor para siempre?
¿Preguntarme esto no es tan maduro?
Me quedo escuchando música mientras dejo que mis pensamientos fluyan, sin preocupaciones. Cierro los ojos. Me quedo así por varias canciones, con una mano debajo de mi barbilla, sosteniendo mi cabeza.
  Después de escuchar muchas baladas deprimentes, abro los ojos para encontrarme con lo de mi padre, mirándome fijamente.
  La canción sigue sonando en mis oídos cuando le devuelvo la mirada. Me quedo ahí unos segundos, pensando que se ha despertado y ya he valido cacahuate.
Parpadeo y suspiro profundamente.
Me quito un audifono, luego otro.
--Entonces has venido--Dice--Pensé que nunca lo harías.
 Sonrío, como una completa zorra.
--Bueno, sí. He sido forzada.
Espero que le duela.
Miro mi pulsera de mano. "Seis minutos". Empiezo a enrollar los cables de mis audifonos a mi celular.
--Pues qué lastima.
No contesto, en vez de eso empiezo a recoger mis cosas.
Siento las nauseas en mi estómago. El pánico creciendo.
--Entonces has estado leyendo las cartas--Apunta, viendo mis cosas que guardo a la bolsa.
--No en verdad. Nunca las leo--Miento, más o menos--No me interesa nada ahí.
--No recordaba que fueras tan insolente.
Sonrío, casi diabolicamente.
En verdad no lo soy, pero es sorprendente lo que se puede sacar de una persona con motivación.
Me doy la vuelta, hacia la puerta. Mi tiempo casi termina.
-- Nos vemos después.--Hago una pausa, miro detrás de mi hombro--O no.
--Lena--Dice--Quédate unos segundos, y deja de ser tan irrespetuosa, niña. Eso es lo que pasa por dejar que tu madre te eduque. No tienes educación. Ella te ha estado malcriando. Yo sabía que esto iba a pasar, desde el principio.
 Levanto una ceja.
Ahora sí ha pasado la línea.
--Andale--Digo, con mi tono de zorra--Como si tú cuidaras tanto de tus niños. ¿Cuantos tienes, eh? ¿Cinco? Oh, bueno. No importa. Aquellos pequeños demonios no son mi problema.
  A la madre, estoy siendo más zorra de lo que pensé. Quiero decir... ¿Llamar a Cariba Pequeña Demonio? Nunca. Que no esté muy feliz con la existencia de nosotros tres es una cosa, pero... ¿Pequeña demonio? Cariba parece un Ángel. Sonrosado y adorable. Nada podía cambiarlo.
--¿Pero qué sucede contigo, eh?--Grita, con la voz grave que me hace temblar. Pero no dejo que se me note.
--Oh, vamos, papi. No pongas esa cara.
 Vaya, vaya, vaya. ¡Pero que buena soy en esto!
Parece realmente furioso.
--¡Son tus hermanos!
--¡No, no lo son! ¡Son tus pequeños sucios secretos!
Sé que si él pudiera, me abofeteara ahora mismo. Pero bueno. Está en un hospital, y  apunto de morir.
Oh, bueno.
Ya qué.
Intenta sentarse, pero está demasiado débil para eso.
--Lena. Son tus hermanos--Repite.
 Me cuelgo bien la bolsa y me doy la vuelta.
--¡Estoy intentando hacerlo bien!--Dice, antes de que abra la puerta.
Me volteo.
--¿Ah, sí? ¿Y de qué forma?
--He sido un padre para Cariba, desde que ella nació. He sido responsable. Estoy haciendo las cosas bien. Yo... He cambiado. Soy una mejor persona ahora.
 Parece muy convencido de ello.
Doy unos pasos hacia el frente. Mis ojos se humedecen.
--¿Ah, sí? ¿Y qué han hecho juntos, como padre e hija?
--Todo.
Abro la boca, pero antes de hablar me giro porque de repente he cambiado de idea. Sin embargo cuando toco la perilla me detengo, porque necesito preguntarselo.
  Necesito saberlo.
Pero aún así no me volteo hacia él mientras dejo de comportarme como una zorra.
--Necesito preguntarte algo--Digo lentamente--Sólo porque ya no regresaré. Así que dime: ¿Porqué la elegiste a ella? ¿Porqué a ella, y no a mí?
  Al cabo de unos segundos lo miro. Está mirándome, con la boca entreabierta.
--Yo...
--¡Creíste que estabas haciendo las cosas bien, pero no, porque eso me incluía a mí!
--¡Pero si nunca contestabas el teléfono!
--¿No se te ocurrió que tal vez estaba demasiado asustada como para contestar?
--¡Oh, vamos!--Grita, de nuevo--¡No te hagas la victima!
Las lágrimas empiezan a correr. Pero de la furia. Me dan ganas de agarrar el jarrón de al lado y estrellarselo en la cabeza.
--¿La víctima? ¡Eres un...!--Me tapo la boca antes de arrepentirme de lo que voy a decir.
--¡No entiendo porqué estás haciendo este drama!
--¡Porque la elegiste a ella y no a mí, joder! ¡Porque elegiste que cambiarías por ella, pero no por mí, ni por Oliver! ¡Y no puedo entenderlo! ¡Joder!
--¿En verdad quieres que sea honesto?--Dice, enojado.
--¡Sí!--Grito.
--¡Porque no podía contigo! ¡No podía contigo ni con Oliver! Era mejor con Cariba. Es pacífica, dulce. Tú... eres brutal. Dramática, difícil. Estás arruinada desde hace mucho tiempo. No tienes remedio. No me servías, igual que Oliver. Los dos son necios, tercos. Son muy parecidos, de hecho. En cambio, Cariba...
   Parpadeo.
A penas me creo lo que estoy oyendo.
--Es la verdad--Dice, cuando yo no digo nada.
--¡Eres un idiota!--Grito, tomando mi bolsa y dandome la vuelta--¡Como te atreves! ¡Eres un completo estúpido! ¡Serás imbécil!
 Abro la puerta  mientras digo obsenidades a lo estúpido, y no me detengo hasta que estoy fuera del hospital, con los puños apretados y arrastrando mis pies por el suelo.

-Sthep S.

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