martes, 30 de octubre de 2012

Mine, capítulo 47.



















Me quedé en casa de Luce tan sólo una noche. Ella me preguntaba y me preguntaba que había pasado pero yo no estaba con ganas. Le dije que me peleé con mamá por algo, pero ella no estaba satisfecha con la respuesta.
    Intenté olvidar que Lucas había terminado conmigo.
Entonces llamé a Sara cuando me di cuenta de que un día lejos de mamá no había bastado. No podía regresar a casa. No aún.
  Es por eso que ahora me retuerzo en la cama de invitados de Sara mientras oigo sonido saliendo de la cocina del pequeño apartamento de dos habitaciones. Hay dos voces, una de Sara y otra de su novio, Alan.
  Me voy en pijamas y con el pelo desordenado hacia la cocina y los encuentro charlando muy bajito mientras cocinan.
--¿Están hablando de mí?
Sara da un respingo, pero Alan sonríe amable.
--Ya quisieras, pequeña.
Me siento en una silla y pongo mis codos en la barra mientras me froto los brazos porque hace frío. Mis manos están congeladas.
--¿Que quieres desayunar, Lena?
--Cereal.
Me bajo del asiento para sacar el plato mientras veo a Alan alejarse y desaparecer por la puerta del baño.
 Es cuando Sara se inclina hacia mi.
--Escucha, Lena, sabes que siempre eres bienvenida aquí, pero... ¿Qué ha pasado? Tu madre me llamó. Está volviéndose loca.
  Tomo aire y me aliso el pelo que cae sobre mi cara.
--¿Quieres hablar de eso?--Murmura.
--No lo sé.
Ella me mira sin decir nada, no presiona. Pero es mi prima. Yo la conozco. Sé que ella está muriendose por preguntarme.
--Nos peleamos--Dije, vaciando cereal en mi plato.
--¿Sobre qué?
--Algo--Una pausa--Y también con Lucas.
Sus ojos me miran fijamente.
--¿Lucas?
--Ya, bueno, no nos peleamos. Rompimos.
Ella suspira.
--Sí,oí que se iban a mudar. Creo que se fueron ayer.
--Espera, ¿Desde cuando lo sabes?
--Hummm... Hace como una semana o algo.
Parpadeo.
--¿Quienes más sabía?
--Todos.
Sacudo la cabeza.
--Yo... Me enteré antier.
--¿Lucas no te lo dijo?
--No.
--Pensé que... Pensé que te lo había dicho.
--Bueno, no lo hizo.
    En ese momento Alan se acerca y dice algo así de que lo necesitan en el trabajo y tiene que irse. Le da un beso a Sara en la boca y a mí  uno en la cabeza, como si fuera una niña pequeña. Luego se va.
 Tomo el traste y me siento de nuevo en la barra, hundiendo la cuchara en la leche.
Quiero decirle a Sara que me siento enojada conmigo misma porque yo sabía que esto iba a pasar pero aún así fui por él. Pero es una de esas cosas que te guardas para ti misma.
--¿Y como te sientes?--Sara pregunta, como leyendo mis pensamientos.
  Me meto una cucharada a la boca.
--Humm.... Estoy bien.
No estoy bien.
  Nos quedamos en silencio un rato, y luego pienso que tal vez sí puedo contarle lo otro a Sara. Ella es psicóloga  después de todo. Entiende de asuntos familiares.
--Mamá sabía--Murmuro--Todo este tiempo. Ella lo sabia. Y no me había dicho nada. No puedo ni siquiera mirarla a la cara.
  Bufo.
Ella hace una mueca.
--¿Sabía qué?
--Que tengo dos medios hermanos.
Ella ciertamente no reacciona como esperé. Pensé que estuviera sorprendida y me soltara un "¿Qué?". Pero no pasó. Ella sólo bajó la cabeza.
   Y entonces...
lo supe.
--Tú sabías también--Afirmo, dejando la cuchara caer en mi tazón--Y no me lo dijiste.
Sara suspira.
--Tu madre me lo confesó hace unos años.
--¿Años, Sara? ¿Lo has sabido por años?
 Mi boca casi toca el suelo.
--Sí.
Cierro mi boca mientras intento recuperar mi aliento.
--¿Y porqué no me lo dijiste?
  De seguro todos están jugando algún juego llamado "Hagan que Lena pierda la cabeza".
--Lena, ¿Y qué querías que te dijera? Tenías... ¿Qué, trece años? Te destrozaría. Y no era mi deber decirtelo.
Sacudo la cabeza.
--¿Cómo es que todo el mundo está diciendo eso? "Te destrozaría".
--Tal vez porque es la verdad. ¿No lo habías considerado? ¿Ni un poquito?
--Pero yo tenía derecho.
--Pero eras muy jóven. No era el momento. Estoy segura que tu madre te lo habría dicho, pero tú te le adelantaste. Y ahora ella está destrozada. ¿No crees que deberías hablar las cosas con ella?
  Agito mi cabeza.
--No sé. Además, estoy decidiéndome entre estar enojada contigo o no.
Ella levanta una ceja.
--Vamos, Lena.
Me toco la cara.
--Ya. Bueno. Supón que les creo, después de todas las miles  de veces que me lo han dicho, que no me querían herir. ¿Qué se supone que tengo qué hacer ahora?
--Deberías ir a disculparte con tu madre, la pobre.
  Sacudo la cabeza.
--No creo que pueda.
  Como obviamente ella no puede comprender, le explico: Que creo que ha sido egoísta al tener una hija con un hombre casado y bla, bla, bla. Toda la historia.
 Cuando termino ella toma aliento muy fuerte.
--Escucha, Lena. Sé que es difícil. Y puedo comprenderlo. Créeme que si. ¿Pero tú nunca has necesitado alguna segunda oportunidad? ¿Nunca?
  Me quedo callada.
--Exacto--Continúa--Y tú la amas. ¿Me vas a mentir sobre eso?
Me quedo callada de nuevo. Porque no puedo creer lo que mi madre ha hecho, pero la amo más de lo que alguna vez podría amar a algo.
--Entonces dale una segunda oportunidad--Dice--La necesita. Y tú necesitas volver a casa porque matarás a tu madre si te quedas aquí por siempre.
  Suspiro.
--Muy bien. Pero... ¿Es que eso es todo? ¿Iré a disculparme y luego fingiré que nada de esto pasó?
--¿Es que no has aprendido nada después de todo este tiempo que has vivido conmigo, Lena?
 Ella se da unos golpecitos en la cabeza.
--Nosotros nos olvidamos. Nosotros lo superamos. ¡Súperalo!
--¿A qué te refieres?
--Lena, mi vida, mira que eres tonta. Nunca olvidarás que tienes medios hermanos, no lo harás, así de simple. Tienes que enfrentarlo, y luego seguir con tu vida.
 Me quedo viéndola, aún intentando comprender.
Ella suspira, cansada.
--¿Cuales son tus planes? ¿Seguirás con tu vida sin hablar con tus medios hermanos o los pondrás en tu vida?
Me encojo de hombros.
--La niña me quiere, pero yo... Yo no tengo idea qué voy a hacer.
--¿La quieres tú a ella?
--Yo... No sé. Ni siquiera la conozco bien. Sólo la he visto.
--¿Qué hay del chico? ¿Cómo se llama?
--Oliver. Es agradable, pero... Él sólo me quiere porque Cariba me quiere. De otra manera, él me hubiera dejado en paz hace tiempo.
--Entonces estás en contacto con ellos.
--Bueno... Sí.
--¿Y has hablado con la niña?
--Sí.
--Y... Esperas que ella olvide que tú existes ahora que le has hablado.
--¿Estás diciendo que tengo que quedarme?
Ella se encoje de hombros.
--Yo no te estoy diciendo nada, Lena. Al final es tu decisión. No mía. La pregunta es, ¿La quieres a ella? ¿Y a él?  ¿Seguirás con tu vida como si no hubiera pasado? ¿Sin ellos?
 Me quedo callada un rato.
--No creo que pueda.
 Sonríe.
--Entonces ahí tienes tu respuesta.
Parpadeo.
--Caramba. Ahora sé porqué te pagan.
Ella rueda los ojos y saca un vaso térmico y vacía un poco de café dentro. Mete tres cucharadas de azúcar y luego me lo da.
--Anda, ahora ve.
--¿A dónde?
--¿Cómo que a dónde? ¡A arreglar las cosas! Son las nueve de la mañana. Es temprano. Tienes tiempo de sobra para disculparte con tu madre e ir a casa de tus hermanos.
  Me mira de arriba a abajo.
--Y cámbiate. No vayas en pijamas.
--No tengo la dirección de Oliver.
Ella va hacia la diminuta sala y saca directorio teléfonico.
--Oliver, ¿Qué?
Le doy el apellido de mi padre. Mi apellido.
Frunce el ceño.
--¿No tiene segundo nombre o algo?
--No lo sé.
--Nos tardaremos un rato.
Nos tardamos una hora. Marcamos a cinco Olivers. Uno era mío.
--Soy Lena--Digo, nerviosa, con el café en una mano, yendo y viniendo de un lado a otro en el departamento.
--Lena. Hola.
--Yo... ¿Puedo ir a tu casa? ¿O alguna parte? ¿Podrías llevar a Cariba?
Hace una pausa.
Una
Larga
Pausa.
--¿Oliver?
--¿Para qué quieres que lleve a Cariba?
--Yo... He estado pensando mucho... Bueno, literalmente tuve que ir con mi psicóloga...--Veo a Sara sonreí--para que me ayudara... Y he decido... Yo...
  Dios. Estoy divagando. Completamente.
--¿Lena?
--Tú... Me pediste que tomara una decisión. Sobre Cariba.
Otra pausa.
--¿Y la tienes?
Puedo jurar que él estaba sosteniendo el aliento.
Sonrío.
--La tengo.



Toco la puerta de la casa de mi madre. Y ella la abre, con un pañuelo en la mano. Tiene los ojos llorosos y los abre de par en par cuando me mira.
--Lena.
--Hola, mamá.
Ella abre la puerta y me abraza.
--Dios mío.
Casi no me deja respirar, pero la abrazo de vuelta sobando ligeramente su espalda. Laura sale a la vista. Luce preocupada también.
--¿Laura? Hola.
--¿Dónde te metiste?
--Estaba con Sara. Estoy bien.
Mi madre me mira a los ojos.
--Lo siento, mamá. Creo que sólo necesitaba un tiempo a solas.
Y entonces se hecha a llorar.
--Estás castigada--Sentencia.


Mamá me ha dejado ir a casa de Oliver y Cariba para arreglar las cosas, pero dijo que me quería ahí antes de las dos de la tarde.
   Entonces cuando llego a la entrada de una casa pintada de amarillo, veo a una muchacha de pelo negro abrir la puerta. La reconozco como Scarlet, la novia de Oliver. Y supongo que Oliver le contó mi desición a Cariba, porque la nena sale de entre las piernas de Scarlet y corre hacia a mí con una sonrisa.
  Me pongo de cuclillas y abro los brazos cuando está a unos pasos de mí.
Y me abraza.
Y es como si recuperara una parte de mí que no sabía que estaba perdida.


--Sthep Stronger.

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