miércoles, 20 de febrero de 2013

The Bet. Capítulo 14.


#68                                                                                             #APOV. 
-Te voy a cagar a palos. - repetía una y otra vez Maïa a la otra línea.
-Sólo déjame hablar con Brenda.
-No está aquí. Probablemente se esté ahogando con sus propias lágrimas, maldito perro.
Sinceramente, no quería lastimar a Brenda. Le había agarrado algo de cariño, ya que es muy simpática y me siento yo mismo junto a ella, pero tenía que llegar Vicky a arruinar todo.
-Quiero matarte, Andrew. ¿Dónde estás?
Miré a mi alrededor.
Estúpidamente, estaba en la Taberna de Zuum con el riesgo de encontrarme con Vicky.
-¡DONDE ESTÁS? - Gritó Maïa.
-En la taberna de Zuum.
-Voy para allá, y pobre de ti que te vayas, que te mato. - y colgó.
Puse él teléfono en la mesa, y tomé un largo trago de mi limonada brasileña, prendí un cigarro de menta que Doyle había dejado en mi mochila y le dí una calada.
Miré el reloj y me percaté que ya había perdido 2 horas de clases.
Había salido de la escuela después para buscar a Brenda y explicarle todo lo sucedido. Pero todo salió mal, no encontré a Brenda por ningún lado, la llamé y contestó Maïa, que me dijo miles de groserías y me gritó lo imbécil que era.
15 minutos después, Maïa estaba frente a mí con una expresión indescriptible, de ésas que hacen que tu estomago se retuerza de arrepentimiento.
-Eres un idiota.
Bajé la mirada y acerqué un poco mi bebida y apagué el cigarro.
-También un cobarde. Mírame a los ojos.
Levanté la bebida dispuesto a tomar un trago, pero Maïa me detuvo. Ése fue el momento en el que la miré a los ojos.
-No sabes lo que está sufriendo. Fui a casa, y la miré dormida con lágrimas ya secas en sus mejillas, ella estaba abrazada de ése estúpido panda que le regalaste.
No supe que decir.
Maïa se levantó y yo a velocidad supersónica estuve enfrente de ella sosteniéndola de un brazo.
-No te vayas.
-Solo voy por una estúpida piña colada, no te creas que te iba a dejar así... Todavía hay muchas cosas que decir.
Fue a la barra y yo me senté de nuevo en la silla.
Ella estaba sufriendo por mi culpa. No me podía imaginar como se pondría cuando le dijera que todo esto es una apuesta. Una jodida apuesta.
Recordé lo mucho que había batallado por ése panda. Me daba un no se qué en el estomago al saber que tenía ese panda en sus brazos, no se si de felicidad o de qué.
Maïa regresó con un vaso de bebida extraña y con un pequeño plato de nachos.
-Mírame a los ojos y dime lo que sientes por mi amiga. - dijo cuando se sentó.
-¿Por que haces esto Maïa? No te entiendo.
-Por que quiero confirmar algo.
-¿Qué cosa?
-Solo haz lo que te digo. Ahora, dime.
Suspiré, y miré sus penetrantes ojos.
-La quiero. - no pude soportar verla a los ojos y puse la mirada en los nachos.
-Mira, Andrew. Vayamos al grano... - hizo una pausa y suspiró-. No soy tonta y sé cosas. A tu estúpido amigo se le fue la lengua y me contó lo de la apuesta.
En ese momento estaba tomando lo último que me quedaba de mi limonada, pero me atraganté y escupí todo en el piso. Para mi mala suerte, Vicky venía llegando, y miró todo. Se acercó a mí sonriendo descaradamente.
-No limpiaré eso...- Miró a Maïa y le tiró un beso.
Vicky se fue, y Maïa parecía que estaba a punto de tirársele encima.
Maldito Doyle.
Cuando por fin se relajó me miró y sus ojos se oscurecieron  todavía mas.
-¿Sorprendido, no?...
-No sé de qu....
-¡Calla esa maldita boca, que te juro que me paro y te pego un puñetazo! Sabes bien de lo que hablo.
Suspiré resignado.
-Antes no conocía a Brenda y no me importaba hacer esta estúpida apuesta. Pero ahora la conozco y no la quiero hacer sufrir.
-Pues anula la apuesta y listo.
-No es tan fácil.
-¿Crees que es mas importante tu jodido puesto en ése jodido juego de mierda, que los sentimientos de mi amiga?
-Pues... No, pero...
-Anula la apuesta o dile a Brenda y acabemos con esto. - dijo Maïa con un hilo de voz.
-No puedo.
Maïa se levantó
-¡Entonces le diré yo!
-La lastimarás más. No le digas, por favor.
Maïa me miró por última vez y dio un largo suspiro de ésos que te dicen "Veremos". Tomó su bolso/mochila se fue.
La miré irse.
Dejé caer mi cabeza a la mesa y cayó con un fuerte estruendo contra la madera de la mesa, ignorando el dolor, la cubrí con mis brazos.
¿Por qué hago todo mal últimamente? No se por que pienso tanto en no querer lastimar a Brenda, cuando antes amaba ser un patán y hacer llorar a las mujeres por mí. Pero ahora no es divertido,  me rompe el corazón el simple hecho de pensar que Brenda está en su casa llorando con el Panda que le regalé, y todo por mi culpa. O tal vez no por mi culpa, ya que yo no inicié el beso. Está bien, se lo regresé, pero solo era un beso, nada del otro mundo.
Ahora, si me pongo a pensar en lo mucho que sufrirá cuando le diga: "Oye, no te amo y solo estoy contigo por una apuesta" me dan ganas de golpearme a mi mismo por ser tan idiota. No debí de meterme en esto.
Pero tampoco quiero perder mi puesto de mariscal de campo, ya que en 2 semanas está el campeonato...
 Me pegué con mas fuerza en la mesa.
Decidí dejar de atormentarme con mis propios sentimientos, levanté mi cabeza y saqué 20 pavos para dejarlos en la mesa e irme.
Me levanté de la mesa, tomé mi mochila y salí de la taberna, a un frío de pleno otoño con las hojas de los árboles yendo junto al aire.
Planeaba ir a casa de Doyle a darle un puñetazo bien dado por bocón, pero pensé mejor y decidí ir a casa.
Me puse los auriculares y le puse play a mi reproductor.
Comenzó una canción
Te tuve por un corto tiempo, después te perdí y ahora te pienso como jodido loco. 
Pienso en todo el día. Todo el día. 
Malditas canciones.
 Iba de camino a la estación para tomar el metro para ir a casa, cuando me encontré con un a tienda de mascotas muy peculiar, que me llamó la atención.
Desde pequeño me habían encantado los animales, y aunque parezca un tipo duro, me encanta entrar en las tiendas de mascotas y ver a los animalitos.
Me desvié de mi camino y entré a la tienda.
Había una gran boa en la entrada, dentro de una gran pecera. Me miró con sus pequeños ojos y sacó su lengua graciosamente.
Toqué con un dedo su pecera, y repetí la acción 3 veces.
La Boa me miró y al segundo se acercó, abrió la boca y se estrelló contra el vidrio.
Me pegué un susto de muerte, así que me alejé de ahí y miré los perros, después los pájaros y a lo último los peces.
El pequeño pesecito blanco nadaba como si no hubiera un mañana, miraba a otro pez y nadaba hacia él, el otro pez nadó mas rápido hasta el el pez blanco lo atrapó y se lo comió.
Me impresioné.
¿Los peces se comen entre sí?
-Mamá, mamá. - era la voz de un niño que venía de tras de mí.
-Que. - la voz de la mamá se oía cansada.
-Mira a ésa tortuga!- el niño estaba emocionado.
Volteé hacia ellos.
El niño era un pequeño niño pelirojo con pecas, muy gordito.
Y la mamá por el estilo, pero muy guapa y nada gorda.
Me acerqué disimuladamente hacia ellos a mirar la tortuga, ya que me había interesado.
Era una linda tortuguita bebé, movia sus patitas frenéticamente, como si verdaderamente estuviera en un lago, nadaba de un lado a otro. Metía su cabeza cada vez que el pequeño niño pecoso trataba de tocarla.
Sentí una gran ternura por ella, y sentí unos grandes impulsos de comprarla.
Miré a la joven vendedora que no debía tener mas de 16 años. Sus ojos eran grandes y cafés, su cabello era del mismo color y rizado.
-¿Cuánto cuesta?
-5 sola, 10 con pecera y 15 con pecera y comida para un mes. - dijo aburrida mientras se limaba las uñas.
Me acerqué a ella y le dí 15 dólares.
Ella se levantó y tomó la tortuga, la puso en mi mano y dijo que esperara un segundo.
Las ásperas aletas de la tortuga me dieron cosquillas en la palma de la mano mientras ella caminaba sobre ella.
La miré con detenimiento mientras esperaba a la vendedora.
Cuando llegó, venía con una pecera llena de agua y un frasco de comida.
Tomó la tortuga y la dejó en la pecera. Ésta comenzó a nadar felizmente en ella.
La muchacha miró a la tortuga con nostalgia.
-Cuida a Trevor. - dijo.
-¿Se llama Trevor?
-No, bueno sí. Pero no, ponle como quieras. Solo que le he agarrado cariño y le puse Trevor. Me duele que se vaya, la extrañaré.
Le sonreí.
-Gracias. - le dije, tomé la pecera y la comida, y me fui.
Trevor me pertenecía ahora.
Pero si que estoy loco, le agarré cariño a un animalito que apenas había visto.
¿Qué hubiera pasado si hubiera comprado el pez canival?
Me reí.
Después Brenda se me vino a la mente y mi repentino ánimo bajó.

                                                                                                                                                      LizzieG.

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