lunes, 15 de abril de 2013

Reckless. Capítulo 23.

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Reckless. Capítulo 23. "Todo lo que necesito".

Aspiro y a continuación toso. Doy un manotazo a la persona que sostiene esa cosa
olorosa en mi nariz.
--Quita esa cosa de mí. ¿Qué quieren matarme? Porque fui a karate, y aunque fueron dos clases, ya sé cómo noquear a un hombre.
  Aunque no a un hombre. Sólo a mi compañero de aquél entonces, y él era un niño flacucho de catorce años que dejaba que yo hiciera todo lo que quería.
  Aunque he abierto los ojos un poco, tengo la visión nublada, como si me acabara de despertar. Por eso no veo a las personas alrededor que suspiran de alivio cuando éstas palabras salen de mi boca. No puedo ver a la persona que me tiene acurrucada en sus brazos, rodeándome como si yo fuera una pequeña muñeca.
--Está empezando a divagarDice una voz masculinaLe daré algo de calmante para que duerma un poco.
Alguien ríe suavemente. Harry.
--No está divagando, sólo está siendo Ridley. Está bien.
  No estoy segura de si estoy bien. Escucho muchos sonidos alrededor, no sabría decir de qué. Me duele todo el cuerpo y ésa cosa que olí sigue atormentándome.
  No, espera… ¿Harry?
Abro bien mis ojos, pero aún sigo viendo nubloso. Intento levantarme, apartar estos brazos que me rodean, porque sé que no son los de Harry.
--Ridley, noDice mi hermano, volviéndome a empujar hacia sus brazos.
--¿Charlie?
Me libro de los brazos de mi hermano y me siento en algo frío y duro. Me ubico cuando la niebla en mis ojos se esfuma, cuando me adapto a la luz. Mi hermano mayor se acerca hacia a mí. Él está ahí, sentado a mi lado, con una mano rodeando mi brazo.
--Mi niña, ¿Estás bien?
Miro a Harry, ahí parado enfrente de mí. Tiene las mejillas rojas, el pelo desordenado y la preocupación grabada en sus ojos con una mezcla de alivio. Está muy ocupado respirando y aspirando, mirándome fijamente.
  Miro alrededor. Ahora lo entiendo; Todo el sonido. Las personas van y vienen, haciendo su trabajo. Es que aún estoy en la casa de Kimera. No en el interior, claro, en el exterior. Estoy sentada en la parte trasera de una ambulancia, junto con mi hermano, Harry, y un paramédico mirándome, esperando mi respuesta.
--Estoy bien.
--¡Ridley!
El grito histérico de mi madre interrumpe lo que iba a decir y ella sale corriendo entre la multitud de personas con la cara enrojecida y una mueca de dolor. Ella llega hacia mí y me abraza, casi derribándome hacia atrás.
--¿Estás bien, cielo?Pregunta, en verdad sin darme oportunidad de responderNo te preocupes, todo va a estar bien.
 En ese momento un policía interrumpe cortando la escena antes de que pueda cortarla yo.
--Disculpe, tenemos qué hacer algunas preguntas.
  Qué mierda. Quiero decir, ¿Estoy a punto de morir y me hacen preguntas en vez de traerme unos jodidos chocolates? ¿Enserio?
  No es hasta que tengo todas las miradas en mí y una que otra sonrisa intentando esconder que me doy cuenta de que he dicho esto en voz alta.
 Mi madre es la única que me mira severa.
--Oh, vamos, mamá. Dame un respiro.
--Te compraré unos chocolates cuando nos libremos de estoMe susurra Harry, que se ha deslizado a mi lado.
 Me quedo hipnotizada por el movimiento de sus labios.
Ah, y porque me va a comprar unos chocolates.
--Señorita SuttonInsiste el policía--¿Qué recuerda del accidente?
“Accidente”. Eso no fue un accidente. Eso fue un tipo loco que me ha querido matar. Ha sido el padre de mi mejor amiga. Oh, mierda.
--¿Dónde está Kimera?
--¿Se refiere a la otra joven?
--Sí, ella.
--Estaba muy alterada. Se la llevaron al hospital hace unos diez minutos.



                                                                         



--¿Charlie? Te amo. Pero deja de fastidiarme.
Mi hermano suspira detrás de mí mientras caminamos por el pasillo. Luego me grita que no corra, porque sigo muy débil. No le hago mucho caso.
--Eres tan complicada, eres tan irracionalSe queja.
--¿Qué querías? Así son las hermanas menores. Te hubieras ido con Harry y mamá a casa. No tienes que cuidar de míAntes de darle tiempo para responder me paro frente a la recepcionistaKimberley Rose Miller. La ingresaron hace veinte minutos.
  La recepcionista busca en la computadora y mi hermano se queja.
--¿Qué no tengo qué cuidar de ti? Ridley, estuvieron a punto de matarte.
 Si quiebra su voz en la última parte, lo que me hace detenerme y pensar en sus sentimientos. En lo que debió haber pasado.
  Me giro hacia él.
--Lo siento, Charlie. Pero estoy bien. Estoy intacta. ¿Lo ves? No hay nada de qué preocuparse.
  Él me mira fijamente, con la boca entreabierta y con aire asustado y perturbado.
Y luego me abraza.
Nos quedamos así hasta que la recepcionista del hospital se aclara la garganta.
--¿Son familiares?
--No. Pero justo ahora soy lo único que tiene.
--Lo siento, pero no puedo…
--¿Eres esa chica Ridley?
La voz se eleva a mis espaldas.
Cuando me giro de pie hay una señora joven, de treinta y pocos, con cabello castaño y corto hasta los hombros. Me mira fijamente.
 Dudo.
Ella extiende la mano y dice:
--Soy psicóloga. Trabajo con la policía.
--Soy Ridley.
Ella asiente.
--Ven conmigo.
Como soy menor de edad, mi hermano insiste en acompañarme, así que no le digo nada. La policía/psicóloga parece no tener problema con ello.
--La madre de la paciente fue asesinada y el padre está detenido. Le preguntamos antes de ingresarla si tenía familiares, pero no podía contestar. Preguntaba por ti. Lo siento; No he podido ver los detalles del caso puesto que me he ocupado de Miller; ¿Eres tú la segunda chica implicada?
  Asiento.
--Tiene sentido. ¿Cuál es tu relación con la víctima?
“Victima”. Aunque sé que es verdad… ¡Están hablando de mi mejor amiga! ¿Por qué no usan palabras más suaves como La Muchacha? Carajo, esto de los sentimientos se les da peor que a mí.
--Es mi mejor amiga.
Asiente.
--¿Tiene ella familiares?
--No realmenteResponde alguien por mí. Es un joven policía, un poco mayor que mi hermano. 
 Él hace un asentimiento con la cabeza para saludarnos a mí y mi hermano y luego le entrega una carpeta a la psicóloga.
--Su padre era hijo único, y la única hermana de su madre murió años antes. Tienen primos lejanos, pero ninguno de ellos tienen la capacidad para ocuparse de unas adolescentes. Miller tiene una hermana, que está en la universidad, y pronto cumplirá la mayoría de edad. El mes próximo, de hecho.
   Vaya. Mentes Criminales y todo.
La psicóloga sigue hablando con él, y yo me giro hacia mi hermano:
--Tú estás en estas cosas de la ley. ¿A qué se refiere cuando dice que no están en condiciones?
--Drogas, violaciones, ya sabes; delitos graves…incapacidades, ésos tipos de problemas.
Asiento.
--¿Qué me dices de la hermana?Pregunta ella al policía.
--Enviamos a agentes la buscarla a la UCLA, pero al parecer están teniendo problemas.
Me aclaro la garganta.
--Eh… Sí, bueno… Ella no está en la UCLAMe miran interrogantes---Su madre la envió a un internado, Thorne. Está al otro lado de la cuidad.
  A mi hermano le cruza el reconocimiento y asiente.
--La chica.
Asiento.
--Entonces llámalos y avísalesLe dice la psicóloga al policía.
Y aunque vayan a avisarles, aunque encuentren a Victoria, las cosas aquí no van a mejorar, me doy cuenta.
   Ya no hay nadie, ni nada que quede por hacer, que pueda salvar a Kimera.



                                                               
 

--Kimera.
Me inclino hacia enfrente, sobre Kimera, observando muy bien su rostro.
Está entubada y drogada.
Ella abre los ojos, pero realmente no me ve; Su mirada me traspasa y luego vuelve a cerrar los ojos. Sin embargo, yo sé que ella sabe que estoy aquí; Al igual que yo, Kimera nunca ha sido de besos y abrazos. Sin embargo, todos tenemos un punto donde necesitamos a alguien para que esté ahí apoyándonos. Cuando eso pasaba, Kimera en vez de abrazarme y llorar, ella ponía las yemas de sus dedos sobre las mías, justo como lo hace ahora que ha encontrado mi mano enseguida de la suya.
  Suspira, y luego se es arrastrada hacia abajo por el sueño y la inconsciencia.
Cierra los ojos.
Y alguien toca la puerta.
--RidleyUna voz femenina perturbada y con cierto deje de desesperación llena la habitación.
  Victoria abre la puerta detrás de mí y me mira. Mira a Kimera, entubada y drogada, y me mira a mí, preocupada y hecha un desmadre.
Ella camina en la habitación y se sienta en la silla enseguida de mí.
--¿Tienen familiares, Victoria?
La policía ha dejado claro que no. Sin embargo, yo no me hago la idea; ¿Acabarán en un orfanato las dos de ser así?
--No.
Mierda.
--Pero estoy a punto de cumplir la mayoría de edadContinúa ellaY entonces, me haré cargo de las dos.
Suspiro, aliviada.
--¿Hasta entonces?
--Hasta entonces… Supongo que el gobierno se hará cargo de nosotras dos.
O sea, un orfanato.
 La vida puede ser una perra.



                                                                  
 


Realmente no recuerdo mucho del resto de esa noche. Recuerdo a mí llegar a casa con Charlie. Recuerdo a mamá gritando preocupada. Algo sobre Harry, pero no sé qué. El leve recuerdo de mi madre hablando con Jordan para una cita para mañana. A mi madre, ayudándome a vestirme  para meterme a dormir, a pesar de que yo ya estaba del todo dormida. Dormida, cansada y hecha un desmadre. Recuerdo a mi hermano gesticulando palabras preocupadas antes de que mamá se metiera a mi cama a dormir conmigo.
   Y cuando despierto esta mañana, veo a mi hermano tendido sobre el suelo de la habitación, con su cobija y su almohada. Realmente no debería sorprenderme tanto.
  De alguna manera, lo estoy.
Me levanto silenciosamente de la cama, descalza, y salgo de la habitación, sin despertarlos. Cuando bajo a tomar algo de desayuno, veo mis cosas en la sala. Tomo mi bolsa y me pregunto si ahí dejé el celular o lo he perdido. No, ahí está; Y tengo una llamada perdida.
  Josselyn.
Veo la hora: 9:37. Debe de estar despierta. Así que me siento en uno de los sillones y marco a Josselyn de vuelta.
--Hey. Me llamaste anocheDigo cuando responde.
Oigo su respiración unos momentos antes de que me conteste.
--Yo… ¿Estás bien?
--Uh, ¿Te enteraste?
Me levanto del sillón y me paseo por la casa, sintiendo el frío suelo bajo mis pies.
--Todo el mundo se enteró. ¿Estás bien?
Me paro frente a un espejo en la sala y me miro de pies a cabeza. Mi mamá ha hecho un gran trabajo quitándome todo el maquillaje, sin embargo no ha podido quitar los moretes en mi cuello, unos cuantos rasguños.
--Estoy bien.
Bueno, ahora entiendo más o menos porqué se han vuelto locos.
La escucho tomar aire al otro lado de la línea, aliviada.
--Bueno… Gracias por llamar.
--Sí…--RespondeOye… Humm… He estado pensando, mucho…
--¿Sobre qué?
--Sobre… nosotras. Una segunda oportunidad. Eso.
Parece que está avergonzada de decirlo en voz alta, pero para mí es un alivio que haya tenido el valor de decirlo. Significa un peso sobre mis hombros menos.
--Sí. Claro.
Estoy casi segura de que ahora ella se está preguntando si es sarcasmo, así que continúo:
--Entonces, ¿Quieres salir a alguna parte o algo algún día?
Exhala al otro lado de la línea.
--Sí. ¿Tienes algo qué hacer hoy?
--Uh, no realmente. Pero no creo que mi hermano y  mi madre me dejen salir de casa por ahora. Se volvieron un poco locos con lo que pasó. Incluso los dos durmieron en mi habitación.
 Ella saca una risita.
--Sí, escuché que tu madre había vueltoDiceBueno, no puedes salir, pero… ¿Puedo yo ir allí? ¿Ya has desayunado?
--¿Vas a hacerme el desayuno? Claro, totalmente puedes venirLe digo con burla.
Resopla al otro lado de la línea.


                                                                            
 


Tengo la misma ropa de ayer, pero realmente no me apetece ir escaleras arriba y despertar a alguien. Se merecen horas de sueño. O al menos hasta que Josselyn esté por venir, por ahora, me voy a sentar afuera de la casa, en las escaleras de la entrada.
    Realmente es cómodo; La brisa sobre mi rostro, el viento soplando mi cabello, pero no lo suficientemente frío como para hacerme entrar en casa.
  Y pienso.
Pienso, acerca de todas las que hice, todas las cosas que pasaron. En mamá, Josselyn, Kimera, Max, Harry. En los lazos que tengo con cada uno de ellos. Los que tengo que cortar, los que tengo que conservar, y los que por lo menos tengo que intentar.
   Y en las cosas que me han hecho crecer como persona.
--Ridley.
No he notado cuando el chico se para frente a mí, no lo he visto venir. Sin embargo en cuanto escucho su voz algo dentro de mí tamborilea. Y cuando enfoco mi vista en él, tengo ganas de pararme de un salto y tocar su cabello y su cara,  sentir sus brazos alrededor de mí, sus labios.
   Pero realmente no sé cómo estamos. No sé cómo se maneja lo de tomarse tiempo en esto de las relaciones. Así que simplemente le sonrío amablemente.
Él se sienta a mi lado y me mira.
--¿Cómo dormiste?Me pregunta.
Asiento.
--Bien. ¿Y tú?
--No lo he hecho. O al menos no mucho. Estoy bastante seguro de que alcancé a dormir una hora anoche.
Levanto una ceja.
--¿Qué? ¿Por qué?
--Estaba preocupado. Anoche tu madre me arrastró a casa y tú te fuiste. No sabía cómo estabas.
--Eso es muy dulce.
No me responde. Harry levanta su mano y con los dedos roza la parte de mi cuello donde hay unos pequeños moretes que desaparecerán con el tiempo.
--¿Te asustaste mucho?Hace una pausaLo siento, es una pregunta estúpida. Claro que te sentiste asustada.
Le sonrío amablemente.
--No realmente. Estaba más preocupada por Kimera.
--¿Cómo está ella?
--Ella está… No lo séAdmito con un suspiroNo lo sé.
Él pone una mano en mi hombro y luego baja por mi brazo hacia mi mano, y entrelaza nuestros dedos. Luego me jala suavemente contra él. Y me besa.
--Pensé que querías tiempo.
--Yo sólo estaba siendo estúpido. No puedo pasar mucho tiempo lejos de ti. Ridley, lo siento.
Dejo esc
apar lentamente el aire encerrado en mis pulmones.
--Ambos la habíamos arruinado, Harry. No hay nada de qué disculparse.
Y empezamos a hablar. Acerca de todas las cosas que pasaron y todas las cosas que pueden pasar. Todas aquellas horribles, como el asunto de Kimera, y todas las buenas, como nosotros dos. Él me da apoyo, me dice que siempre que quiera me tendrá y que todo va a estar bien. Besa mi rostro. Y susurra versos bonitos en mi oído.
Y le susurro:
--¿Harry? Creo que te quiero…, Te quiero, Harry.
Me susurra de vuelta:
--Yo también te quiero, Ridley.
   Y por ahora, es todo lo que necesito.


--Sthep Stronger.

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