martes, 7 de mayo de 2013

Unspoken. Capítulo 3.

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Unspoken. Capítulo 3. "Dios Bendijo El Camino Roto"

--That God blessed the broken road that led me straight to you…
  No me ayuda nada pero nada, estar cantando la canción que Tyler estaba cantando la primera vez que lo conocí.
--I think about the years I spend just passing thought…
I’d like to have the time I lost and give it back to you…
  Malditos Rascal Flatts con canciones bonitas.
--But you just smile and take my heand…


--No quieroLe dije a Meg, acurrucándome entre las mantas.
--¿Es que no sabes que cuando pasas por una ruptura no puedes quedarte en casa? Vamos a salir. Vamos a salir a alguna parte a bailar y a beber.
 Me descubrí la cabeza y levanté una ceja hacia Meg. Ella ya tenía su vestido corto dorado con brillos encima y sostenía mis botas vaqueras en una mano.
--¿Beber, tú? Qué buena broma. Me mata. Hilarante.
Meg me arrancó las cobijas y las tiró al suelo. Sentí frío.
--Enserio. ¡Vamos, ponte tus votas vaqueras y esa sonrisa coquetona que tienes!
--¡Yo no tengo ninguna sonrisa coquetona!
Meg se río.
--Claro que sí. Es parecida a la de Emma.
En respuesta, esperando zanjar el tema, me hice bolita en la cama y cerré mis ojos.
--Tienes que divertirte, Terra. Ése Jake se va a dar cuenta de lo que ha perdido y pronto estará a tus pies pidiendo perdón.
  Abro un ojo y la miro.
--Tú no vas a darte por vencida, ¿Verdad?
Negó, con una sonrisa pintada en su rostro y un aire infantil rodeándola.
--Muy bien.
Suspiré profundo y me levanté de la cama.
--Yo te haré el peinadoDice MegQuedarás guapísima.
Le dirigí una mirada fea.
--Más de lo que ya eresAclaró.
Suspiré profundo y abrí el closet para ver qué encontraba, pero Meg dijo alegremente que ya había escogido por mí el vestuario. Un vestido morado con unas flores estampadas que había traído de su armario para mí.
--Es lo más que encontré de tu estilo en mi clóset.
--Nunca te lo había visto puesto.
--Me lo regaló mi tía. No es muy mi estilo. Creo que se te verá mejor en ti.
Suspiré, con una floja sonrisa.
--Gracias, Meg.
--Cuando quieras.
 Una hora y media después salí como nueva de mi casa. Con mi cabello marrón liso cayendo en ondas gracias a Meg, el vestido, las botas y un maquillaje hermoso. De hecho, todo gracias a Meg. Sabía mejor que yo.
  Primero fuimos a una fiesta de una compañera de clases, una tal Miranda, que yo no conocía pero Meg sí. Meg hacía amigas a cada diestra y siniestra, era como, su don.
El lugar estaba bien, la música estaba alta, los chicos coqueteaban con las chicas, podías ver la energía del lugar y la química. Era divertido… Hasta que me topé con esos ojos azules casi transparentes. Estaba sentada hablando con un chico llamado Kevin o Kalvin, o algo, y cuando volteé a un lado, él estaba bailando con Elle, una chica que estaba enamorada de él, y no supe si él lo sabía. Él parecía cómodo sonriendo y hablando con ella, y Elle estaba sonriendo estúpidamente y sonrojada. Me pregunté si Elle sí estaba al nivel de sus expectativas.
  Jack me miró. Su boca su abrió formando una perfecta O y dejó de lado a Elle para caminar a mi dirección. Supe en cuanto vi esos ojos azules en los míos que él haría todo lo posible para disculparse, de nuevo. Más de miles de llamadas y correos electrónicos cuando yo saliera de ese lugar. Yo era muy madura, dentro de lo que cabe, así que le saludé con un gesto de la cabeza educadamente y después me incliné hacia el oído del chico para pedirle bailar. Así que me salvé de Jack, pero en el interior estaba destrozada con sólo de verlo. Destrozada porque tan rápido había una chica detrás de él. Y lo más importante: Porque él no estaba destrozado.
    ¿Qué demonios hacer para romper el corazón de ese chico?
 Después de bailar con Kelvin o Kalvin, o Kevin, (O Marlin) busqué a Meg. Ella estaba sentada  platicando con un chico animadamente con una cerveza en su mano. Aposté a que ni siquiera le dio un sorbo.
--¡Meg! ¡Meggie! ¿Podemos irnos? Él está aquíHice una pausa y miré al moreno que estaba tan ocupado ligándolaLo siento.
--¿Te ha visto ya él?
--¡Sí! Me vio bailando con ese tipo que me presentaste… Melvin.
--¡Genial! Entonces ya ganaste. ¡Vámonos!
Meg se levantó y dejó al chico decepcionado. Me reí.
--¿Rentamos unas películas?Le pregunté mientras salíamos por la puerta.
--¡Nada de eso! La noche aún es joven.
--¿Otra fiesta? ¿Qué le hiciste a Meg y quién eres tú?
Ella rió y sacó las llaves del auto del mini bolsito de brillantina.
--No, no a otra fiesta. Sólo que aún no quiero volver a casa. Vamos al Bluebird cafe.
--¡Pero ese lugar siempre está atestado! ¡Y más ahora con esa serie, Nashville! Ya ni siquiera se disfruta de la músicaRefunfuñé, metiéndome en el asiento copiloto.
--El Bluebird cafe es genial, y a ti te solía gustar mucho. Fin de la discusión.
--Solía, de antes.
--Tú no me engañas. Me pregunto qué canciones estarán tocando hoy.
 Así que ahí estábamos, yendo al Bluebird café. Cuando a Meg se le metía una idea, no se la quitabas ni a golpes.
No es como si lo hubiera intentado, aclaro.
  La canción que estaban tocando cuando entramos fue una extraña versión de Home, de Michael Buble. Luego, un chico muy probablemente de nuestra edad subió al escenario con una guitarra en la mano. Guapo, admití. No reconocí la canción que estaba tocando, pero cantaba bien.
--¡Bless The Broken Road!Saltó Meg, en su asiento.
--¿El quién?
Meg me frunció el ceño.
--Si no conoces esa canción, Terra, no sé cómo podemos ser amigas. ¡Es como la canción más bonita!
 Solté una carcajada mientras veía al guapo muchacho de pelo negro y ojos azules. Meg empezó a cantar la misma canción sutilmente, haciendo pausas para llevarse el bote de Sprite a la boca.

 
This much I know is true…
That God bless the broken road, that led me straight to you…
Yes, he did.

Muy bien, sí; La canción era bonita, muy bonita.
Pero no tanto como el chico en el escenario cantando, con los ojos clavados en mí…


    Hay otro recuerdo que asalta mi mente mientras veo por la ventana al sol ocultarse. El fin de otro día.

… Estaba rodeada en los brazos de Tyler ese día, ambos tumbados en el sofá, riéndonos.
--¿Recuerdas el primer día que te conocí?Le pregunté.
Volteó hacia mí y me dio un beso en la sien.
--Por supuesto que sí. Tú estabas usando ese vestido floreado con estas botasDio un toque con su pie a mis botas vaqueras.
--Tú estabas cantando esa canción…
--Bless The Broken Road.
Sonreí.
--ExactoHago una pausaCuando me viste… ¿Pensaste que algún día terminaríamos así?
  Esperé por un momento que se riera de la cursilería que acababa de decir cuando lo miré a los ojos, pero él no se río. Él apartó un mechón café de mi pelo que se me escapaba de la trenza de lado y luego sonrío suavemente.
--¿Por qué crees que canté esa canción?
 Sonreí y oculté mi cara en el hueco de su cuello.
--Te viSusurró muy bajito, pero con toda intenciónCuando entraste por la puerta. Te vi.
 Me empecé a poner roja, así que busqué otro tema.
--No recuerdo la letra…
No esperé, honestamente, que él me cantara la canción al oído. Me abrumé unos instantes y me puse roja. Luego empecé a poner atención.
--
I couldn’t see how every sign pointed straight to you…


Tengo que dormir, o hacer algo. Lo que sea. Lo que sea.
  Así que me detengo en un pequeño pero bonito hotel en Arkansas, en Little Rock. Cuando subo al tercer piso, a la habitación 492, encuentro a una chiquilla de algunos dieciséis o diecisiete años recargada en la puerta de mi habitación. Tiene la espalda recargada a la puerta, las rodillas contra su pecho y su rubia cabeza gacha.
--Eh, lo siento. Me estás tapando el paso.
Cuando ella levanta la cabeza, puedo ver las lágrimas en sus ojos y sus mejillas rojas.
--Lo sientoElla dice.
La chiquilla flacucha se levanta como puede y sacude el polvo inexistente de sus vaqueros.
--Oye… Sé que no es mi asunto, pero… ¿Estás bien?Le pregunto.
 Sus ojos oscuros se dirigen hacia a mí y asiente, aunque parece un poco perdida. Luego da media vuelta y se va por el pasillo de alfombra rojiza.
  No bien termino de entrar por la puerta, mi celular suena. Dejo la maleta que me traje (Las demás permanecieron en el carcacho, puesto que me iré mañana y sólo necesito un cambio)
 en la cama de colcha color beige y respondo.
   Mi padre me saluda.
--Hola, papá.
--¿Cómo estás, chiquilla?
--Bien. Me he detenido a dormir en Arkansas, estoy desecha.
Platico un rato con papá, y luego éste me pasa a Gracie, mi hermana pequeña de trece años.
--¿Qué ondas?
--Hola, Gracie. ¿Qué libro has estado leyendo últimamente?
Ella ríe por lo bajo al otro lado de la línea.
--Que libro no he estado leyendoDice, recalcando el No.
Río con ella. Gracie sigue hablando, ella sigue hablando sobre libros, sobre mamá y papá, y Emma, y el nuevo novio de ésta. Ella sigue hablando y hablando.
  Me recuerda que, no vuelvo  a Nashville para ir tras Tyler o para recordar mis tiempos con Jake. Vuelvo a casa por mi familia. Porque es donde nací y un lugar que amo. Porque amo ir al Bluebird café incluso cuando está atestado y porque extraño a mi mejor amiga Meg, con sus ciegas esperanzas en el amor y compañera de cantar canciones Country en el carro a todo pulmón yendo a dónde el camino nos lleve. Por los panqueques caseros de mi madre que hace cuando no pensamos que los vaya a hacer, porque Gracie lee un libro y se la lleva actualizando su blog incluso en navidad, por los miles de pretendientes de Emma, por mi padre que nos cela cuando el asunto consta de chicos. Por todas las cosas de las cuales estuve lejos un tiempo, como el verano pasado, que en vez de volver a casa fui a un viaje organizado por unas amigas en West Coast al sur de Francia, y luego a Londres. Por esos pequeños detalles.
  Voy a casa, porque es donde debo de estar.
Y lo sé. Yo lo sé.
Sin embargo, me separé de Tyler abruptamente. No limpié mi nombre cuando todo pasó, y nunca le dije…
   No me doy cuenta cuando me quedo dormida, sólo recuerdo despertar  a la mañana siguiente, encima de la cama perfectamente hecha y con mi misma ropa que el día anterior. Me levanto y tomo una buena ducha de veinte minutos (¿Quién les manda tener una tina?).
Cuando salgo con el pelo húmedo y con mi vestido sencillo y rojo puesto, me pongo mis botas vaqueras que ya están demasiado gastadas y salgo por la puerta con mi maleta en mano.
  En el elevador, me encuentro a la misma chica de ayer. Está recargada contra la pared trasera del elevador y mira sus pies.
--HeySaludo aplastando el botón del elevadorBuenos días.
La chica sonríe un poco.
--Buenos…
Y entonces las luces parpadean y el levador se detiene en un movimiento brusco.
--¿Qué demonios?Gruñe la rubia.
Aplasto los botones, pero nada.
Maldita sea.
--Creo… creo que nos quedamos atascadas.
--¿Qué nos…? Déjame ver esoResponde bruscamente y me aparta para volver a apartar los botones--¿Y cuál de estos es el botón de alarma?
   Señalo el botón rojo de abajo.
--Ya lo intenté.
Chica Rubia y Gruñona golpea el botón varias veces y luego patea el piso del elevador.
--No me puede estar pasando estoSe queja.
Suspiro y me deslizo contra la pared para sentarme en el duro y frío suelo.
--Mira, pronto ellos vendrán, no te preocupes.
Voltea a verme.
--¿Cómo sabes eso?
--Porque otras personas querrán usar este elevador, y cuando se den cuenta de que no funciona, tendrán que repararlo.
--¿Y si no…?
--¿Eres claustrofóbica o algo?
Niega con la cabeza.
--No.
--Entonces sólo siéntate, no te va a pasar nada.
Doblo las piernas y observo a Chica Rubia y Gruñona mirarme unos segundos y luego sentarse lentamente en el suelo, frente a mí.
--¿Tienes mucha prisa por salir de aquí?Le pregunto.
Ella asiente.
--Tengo que irme… ¿Y tú?
Me encojo de hombros.
--Me queda algo de viaje. Voy a Nashville. No me importa perder unas cuantas horas aquí.
--¿Horas?Rubia gime.
--¿Qué tienes qué hacer?
Ella me mira unos instantes y luego aparta la vista.
--No me incumbe, vale, lo capto. No hay problema.
Ella se encoje de hombros.
--Yo… quería alcanzar a alguien, pero… --Mira el techo del elevador y luego las puertasCreo que esta es una señal del destino. A lo mejor es estúpidoMe mira de regresoSoy MadisonSe encoje de hombrosSólo Mad.
--Me llamo Terra.
Sonríe.
--Y bueno, Mad… ¿A dónde planeabas ir?
Se encoje de hombros.
--Planeaba tomar un autobús hacia Texas.
Levanto una ceja.
--¿Tus padres están de acuerdo con dejarte ir sola?
--Vengo con mi hermano mayor. Él no tiene problema con ello. Él entiende.
--Mira… sé que no me incumbe, pero… ¿Qué hace una niña de dieciséis años yendo sola a Texas?
Ella tamborilea los dedos contra el suelo.
--Tengo diecisiete. Yo, bueno… es una larga historia.
Me encojo de hombros y miro hacia las puertas.
--Bueno, creo que estaremos aquí por un tiempo, así que, si quieres contarla, soy todo oídos.
Mad  niega con la cabeza y la recarga después en la pared fría. Y yo no insisto más. Simplemente me quedo callada, pensando en Nashville. Pero diez minutos después, ella habla.
--Cometí un errorconfiesaEl chico, mi novio, se enojó conmigo. Y se fue. Ayer. Quiero explicarme, pero él se fue, y ahora voy a buscarlo. O iba. No creo que sea una buena idea.
   Entonces por eso estaba la otra noche en mi puerta. Era la habitación del chico.
--¿Porqué no es una buena idea?
Ella se encoje de hombros.
--Él no querrá hablarme. Y este elevador… de seguro ya perdí el autobús. A lo mejor no debo hacerlo, ¿Sabes? A lo mejor… Él era algo pasajero. A lo mejor sólo lo tengo que dejar pasar.
  Niego con la cabeza frenéticamente.
--No, no. No. Debes ir. No puedes no intentarlo.
Ella, en medio de la lucha por que sus lágrimas no salgan frente a una extraña, me mira.
--¿Cómo lo sabes?
--Porque yo hice lo mismo. Hace un año y siete meses. No hay un solo día que no me arrepienta de ello. De no demostrar que fue un error.
  Ella limpia una lágrima en silencio que se ha caído a su mejilla.
--¿Qué te pasó a ti?
Suspiro fuerte.
--Larga historia.
Sonríe un poco.
--Tenemos mucho tiempo.
Sonrío de vuelta y miro el suelo. Es más o menos cuando me doy cuenta de lo mucho que anhelo hablarle de mis problemas a alguien. Alguien que escuche.
--Yo… No estoy segura dónde comenzó todo. ¿Sabes? He estado pensando eso todo el camino desde Dallas. He estado preguntándome dónde comenzó todo… Creo que fue cuando conocí a JakeLevanto la cabeza y sonrío, pero no hay nada feliz ahíÉl era… Ése tipo de personas que parecen perfectas. Rubio, ojos azules claros, todo un príncipe, un atleta, un rompecorazones, popular.
  Mad bufa.
--Si. Ya los conozco.
--No, él no era como te lo estás imaginando. Él no era malo.
Levanta una ceja.
--¿No?
Niego.
--No, él no era un problema. Él era… un muy buen chico. Me enamoré de él.
--¿Cuál fue el problema?
--Salimos un par de veces, gracias al esfuerzo de mi mejor amiga Meg, porque no creo que me hubiera animado a salir con Jake… La primera vez que la pasamos juntos fue en una fiesta… Él estuvo conmigo toda la noche, y bailamos y… Fue muy lindo, ¿Sabes? Fue… Me hizo sentir… muy importante. EspecialRío un pocoPero él… Él era…
--¿Un imbécil?Intenta Mad de nuevo.
Niego.
--No, él era sólo inseguro. Él tenía esta familia perfecta y amigos perfectos... Y era inseguro y voluble. Yo no le gusté a alguien de su círculo, así que… me mantuvo en secreto.
 Ella frunce el ceño.
--¿Y no es un imbécil, eh?
Río.
--Era complicado… Bueno, yo me di cuenta de que no era lo que quería y mucho menos lo que merecía, así que se lo dije, después de estar juntos unos meses. Le dije que tenía que hacer las cosas bien, o yo me marcharíaHago una pausaNo me eligió. Me dejó ir.
  Observo cómo Mad se pone furiosa con mi relato y sonrío un poco.
--Él me llamaba  y me pedía segundas oportunidades, pero yo estaba herida, y no estaba segura de si quería seguir con alguien que no quería estar conmigo… No sabía… Lo peor de todo es que yo estaba destrozada y él lo dejó muy rápido. No estoy diciendo que quería que me rogara, ¿Sabes? Es sólo que odiaba… quedarme estancada en el mismo lugar cuando él ya había avanzado. Odiaba ser la única que no había recuperado su vida… Así que lo intentéHago una pausa e inclino la cabeza, mirando el sueloYo conocí a este chico. Él fue probablemente la única cosa real que yo alguna vez conocí… Su nombre es Tyler. Él me miró esa vez, y yo lo miré mirándome… Y pensé que sería perfecto; Salir con él para distraerme, para olvidarme de Jake… Para que le doliera. Para que le doliera verme con otra persona y que se diera cuenta de lo que había perdido… Yo no lo quería de vuelta, sólo quería que sufriera un poco. Estuve con Tyler por venganza.
  Hago una pausa.
--Hice todo por las razones equivocadas. Entonces… Tuve esta hermosa relación con Tyler. Él definitivamente no era perfecto, pero encajaba en mi personalidad. Encajaba en mi vida, de una manera que Jake no. Tyler parecía ser…
--El indicadoTermina Mad por mí.
Levanto la vista y asiento.
Mad me está mirando seria, fijamente.
Aspiro aire fuertemente y continúo.
--Entonces, meses después… Él lo descubrió. Yo estaba hablando por teléfono con Meg, y escuchó parte de la conversación. Yo no sabía que había llegado a casa… Y se fue furioso. Quise ir tras él, ¿Sabes? Yo quise ir y explicarme. Pero él me miró de esa manera y… me dio miedo. Además sabía que pronto yo me iría a Dallas, y él se quedaría y sabía que no teníamos un futuro… Me concentré en esa última idea por un tiempo. Y no le expliqué nada. Me fui esas vacaciones. Han pasado un año y siete meses.
   Mad me mira, sin decir nada. Sus lágrimas se han secado y su rostro ha perdido la preocupación de hace unos veinte minutos, cuando nos quedamos atascadas en el elevador.
  --CreoSusurroQue cuando sabes que has cometido un error, tienes que repararlo.
  Mad parpadea un par de veces.
--¿Ha pasado un año y medio (y un mes) y no lo has reparado?
Niego.
--¿Porqué?
--Ya te lo dije: Estaba asustada. Y al igual que tú, pensé… que era algo que tenía que dejar ir, y que yo iba a estar bien. Y las cosas no han estado bien.
--¿Es por ello que vas a Nashville? ¿Para hablar con él?
Suspiro.
--La razón original es mi familia, pero…
--Pero sabes que tienes que intentarlo.
--Incluso después de todo este tiempoAsientoYa no tengo nada qué perder.
 Mad me mira fijamente y asiente.
--Además nunca le dijeComento en voz baja.
--¿Qué cosa?
--Que lo amaba.


                                                                     
 



--Está bien, señoritas. La caballería ha llegado.
 El guardia de seguridad de unos cuarenta o cincuenta años y el pelo gris nos tiende la mano desde arriba para que salgamos por el hueco.
 Le hago señas a Mad para que salga primero, y luego ambos me ayudan a salir a mí.
--¿Están bien?Nos pregunta.
Asiento.
Una señora mayor, con un peinado alto y complicado de acerca hacia a mí.
--Lamentamos los percances…--Y sigue hablando, así que imagino que es la encargada del hotel, la gerente. Le corto diciendo que todo está bien.
 Busco a Mad en la multitud, y veo su cabeza rubia y vaqueros gastados más allá. Está abrazada de un tipo unos años mayor que yo, tal vez. Debe ser su hermano. Ella me ve y camina hacia mí.
--Hu… Gracias.
Me encojo de hombros.
--Está bien.
--Al final voy a Texas, así que… deséame suerte.
Le sonrío.
--Suerte, Mad. Y no hagas nada por las razones equivocadasLe advierto.
Dios, sueno más vieja de lo que soy.
Ella sonríe y alguien se acerca para darnos nuestras maletas, que habíamos olvidado dentro del elevador.
Bueno, cuando has estado una hora y media dentro de un espacio pequeño, tus maletas no son como la gran cosa.
 Me despido de Mad y me doy la vuelta.
--¡Terra!
Giro la cabeza sobre mi hombro, y la veo sonreír.
--Buena suerte.
Eso espero.


--Sthep Stronger.

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