lunes, 9 de diciembre de 2013

Saved. Capítulo 5.

Untitled
Saved. Capítulo 5: Ashford.

Todos pensaron que me iba a derrumbar.
Y supuse que fue así. Retiro eso: Lo hice. Sólo que no de la manera que ellos esperaba.
Mis maestros me miraban por el rabillo del ojo cuando entraba a sus clases, me preguntaron si estaba bien, fueron más amables conmigo. Mis compañeros susurraban a mis espaldas, me daban miradas de lástima, me invitaban a sentarse en su mesa. Yo era la obra de caridad del día. (Del mes)
Y yo lo odiaba.
Los odiaba a todos ellos.
Tal vez me derrumbé, pero no de la manera en que ellos pensaron. No fallé en clases. Al contrario, dejé salir mi lado nerd. Los maestros me miraban boquie abiertos, mis compañeros se miraban entre ellos para asegurarse de que no fueran solo ellos.
No importaba, ahora que no tenía amigos. Días antes fue el funeral de Cam, y ahí estaba Vivian. Nos miramos a los ojos cuando llegué ahí, pero apartamos la mirada y  no nos acercamos la una a la otra.
 Era tan doloroso.
 Ella era el perfecto recordatorio de lo que había pasado esa noche.
Así que no nos hablamos. No nos tocamos. Borramos la existencia de la otra, con la esperanza de que nuestros desgarrados corazones puedan encontrar su manera de sanar.
Pero yo me estaba volviendo loca, con todos ellos sobre mí. Con mis padres, mirándome como si ya no fuese su hija, sino una loca trastornada. Mi hermana, mirándome con esa cara de cachorrito perdido. Los susurros de los estudiantes en la escuela cuando yo y Vivian caminábamos por los pasillos, sin hablarnos. Entonces estaban las terapias a las que asistía donde yo no era la única olla de odio que iba a terminar por sobrecalentarse y autodestruirse.
No sabía bien qué era peor, si estar con los demás locos o en casa.
Bueno, ninguno era de mi agrado.
Pero después, yo iba al laboratorio con una excusa para mis padres, la mayoría del tiempo era porque hacía la tarea de matemáticas con una amiga porque era imposible para mí. Sí, claro. ¿Matemáticas difíciles? Pffff.
En el laboratorio ellos no sabían quién era yo. No sabían qué me había pasado. No me miraban de esa manera o susurraban entre ellos. No me hacían esa estúpida pregunta: “¿Estás bien?”. Sólo me miraban con respeto y asombro por lo que podía hacer.
Dulce.
Pero esas dos horas diarias en el laboratorio no eran suficientes para mí. Necesitaba más… Necesitaba…
--Mi sobrina me regaló éstos pendientesMe dijo Lydia, la muchacha frente a mi mesa de trabajo--¿Te gustan?
Me estaba distrayendo de mi trabajo, pero le contesté de cualquier manera:
--Son encantadores.
--Lo sé. Fue por mi cumpleaños. Lástima que no la veo muy a menudo: Va a este internado a las afueras de la cuidad para cerebritos o niños de famosos y políticos. No tiene tiempo para socializar con el mundo exterior, ya sabes, por las tareas. ¡No tiene tiempo para su familia!
Eso llamó mi atención.
--¿Cómo se llama? ¿El internado?
--Ashford.
Sonreí mientras una idea se formaba en mi cabeza.



                                                                         




--¿Dices que te ofrecieron una beca?Preguntó papá un sábado por la mañana, apoyado contra la isla, sosteniendo un café en su mano.
Asentí.
--Es una muy buena escuela. Prácticamente me graduaré con unas treinta universidades persiguiéndome.
Mi padre miró a mi madre.
---Pero es un internado.
--¿Qué pasa con ello? No es como si yo no fuera a llamar.
Discutimos acerca de ello unos minutos, luego Cassidy se levantó y se sentó para desayunar en la mesa. Mi madre se apresuró a llenar de calorías ese pequeño cuerpo y dejamos el tema.
Me salí con la mía, al final.




                                                                             
 

--¿Vas a irte?Preguntó Cassidy, parada bajo el umbral de mi puerta.
Doble mis jeans y los puse en mi cajón..
--¿Cuándo?
--Después de vacaciones.
Su carita se deformó.
--Pero…
Sabía que ella no quería dejarme ir. Sabía que quería abrazarme y obligarme a quedarme. Sabía sobre su “Pero”. Y debí acercarme a ella, abrazarla y decirle que aun así sabrá de mí.
Debí asegurarme de que su corazón no se rompiera.
Pero quería que lo hiciera. Así que fruncí el ceño y dije:
--¿Pero qué, Cassidy?
Ella se encogió y negó con la cabeza, salió de la habitación, con su pequeño corazón roto.
--Tú sólo quieres  herir a las demás personas de la misma manera en que tú te sientes heridaMe había dicho SullivanY al final terminarás sin nada. ¿Es eso lo que quieres, Isabel?  ¿Quieres en verdad herir a tus amigos, familia? ¿Quieres ver su cara de dolor cuando lo hagas?
  Me alimenté con la imagen del rostro de Cassidy cuando se lo dije y respiré hondo, sintiendo el pequeño y delicioso momento de paz mental.
Sí, lo quería.



-Sthep Stronger.

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