jueves, 3 de abril de 2014

Taken. Capítulo 12.

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Taken. Capítulo 12. "Un camino de doble sentido".

Hay una vez.
Sólo una vez.
Una en donde estoy esperando, pero el dolor, cualquier tipo de dolor, no llega. Así que cierro los ojos mientras espero. Siempre cierro los ojos, porque no quiero mirar el espejo enfrente de mí cuando me hacen daño.
  Y los mantengo cerrados.
Sin embargo, no hay nada.
Estoy hecha trizas; Mi cuerpo está completamente dañado y hecho polvo y ya no me importa. No me importa vivir. Quiero que termine.
Por favor, deja que termine.
Cuando abro los ojos, no hay nadie. Nadie para tocarme.
Nunca ha pasado antes. Jamás.
Estoy tan desconcertada.
Entonces las puertas se abren de un golpe. Hay una mujer, pelirroja y alta. Desconocida. Se detiene en sus pasos y me ve sentada en la silla fría de acero que es tan familiar para mí, atada y asustada.
Me estudia.
Y cuando lo comprende, hay algo en su expresión. Algo que me dice que es diferente. Que es de afuera. Que no forma parte de esto.
  Y de repente, ahí está. Es tan desconocido que me cuesta identificarlo. El sentimiento quemante y abrazador se expande y crece casi dolorosamente. En tan fuerte que me hace querer llorar.
  Esperanza.
Pero la esperanza es tan frágil. Un momento significa todo y con un gesto puede significar nada. Puedes esperar por algo y puede serte negado. Es, muchas veces, como este momento un camino de doble sentido. Un puente: Tiene que funcionar desde ambos lados.
 Clavo mis ojos en ella, una vez más.
Esperando.
Siempre espero, porque esto es a lo mi vida se ha reducido. Siempre esperar.
Mis ojos se llenan de lágrimas, porque no sé qué voy a hacer si decide voltear el rostro hacia otra parte y dar la vuelta para marcharse.
 La cosa en mi pecho ahora no es buena. Es malvada y me hace daño.
Me muevo contra las sogas, empezando a derramar lágrimas, suplicando silenciosamente que me ayude, porque ya no quiero que termine. No estoy lista aún.
No estoy lista para irme.
Aun quiero ver las estrellas.
 Entonces, ella se mueve.
Y cuando ella camina hacia mí y me quita las sogas que me atan a la silla, rompo a llorar increíblemente alto y fuerte.
  He decidido que romper a llorar es una metáfora increíblemente interesante. Romper implica partirse en dos; partirse en dos llorando. Pero ese no es el término que usaría para mí misma.
No, no rompo a llorar; Me hago añicos.




-Sthep Stronger.
El lunes capítulo bien.

 

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